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Covenant #3: Deity, de Jennifer Armentrout. CAPÍTULO 1 en español.

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CAPÍTULO 1
Declaración: Esta es una traducción no oficial sin ánimo de lucro.

Seda roja colgaba de mis caderas, retorcida en un nudo ajustado que acentuaba mis curvas. Mi cabello estaba suelto y sedoso sobre mis hombros como los pétalos de una flor exótica. Las luces en el salón de baile captaban cada onda del material, así que con cada paso parecía que estaba floreciendo del fuego.


Él se detuvo, sus labios entreabiertos como si el mero hecho de verme bastara para dejarlo incapaz de hacer cualquier otra cosa. Un sonrojo cálido tiñó mi piel. Esto no iba a terminar bien, no cuando estábamos rodeados de personas y él me estaba mirando de esa forma, pero no podía forzarme a mí misma a irme. Mi lugar estaba aquí, con él. Esa había sido la decisión correcta.

La elección… que no había hecho.

Los bailarines se detuvieron alrededor de mí, sus rostros escondidos tras deslumbrantes máscaras enjoyadas. La cautivadora melodía que la orquestra estaba tocando se deslizaba bajo mi piel y se hundía en mis huesos mientras los bailarines se apartaban.
Nada nos separaba.

Traté de respirar pero él no sólo me había robado la respiración sino el aire mismo que necesitaba.

Él que quedó allí, vestido en un esmoquin negro que se ajustaba a las líneas duras de su cuerpo. Una sonrisa ladeada llena de travesura y alegría curvaba sus labios mientras que hacía una reverencia y extendía su brazo hacía mí.

Mis piernas se sentían débiles mientras tomaba el primer paso. Las luces centelleantes del techo me iluminaron el camino, pero lo habría encontrado en la oscuridad si hubiera sido necesario. Los latidos de su corazón sonaban justo como los míos.

Su sonrisa se amplió.

Ésa era la toda el refuerzo que necesitaba. Fui hacia él, el vestido estirándose detrás de mí en un río de seda carmesí. Él se enderezó, atrapándome por la cintura mientras enlazaba mis brazos alrededor de su cuello. Enterré mi rostro en su pecho, sumergiéndome en la esencia a océano y hojas ardientes.

Todo el mundo nos estaba mirando, pero no importaba. Estábamos en nuestro propio mundo, uno donde lo que queríamos –lo que habíamos deseado por tanto tiempo-  sí tenía importancia.

Él rio roncamente mientras me giraba. Mis pies ni siquiera tocaban el piso del salón de baile.
“Tan temeraria”, murmuró.

Sonreí en respuesta, sabiendo que él amaba secretamente esa parte de mí.

Poniéndome en pie, agarró mi mano y puso la otra en la parte baja de mi espalda. Cuando volvió a hablar su voz era un susurro bajo y apasionado.

“Te ves tan hermosa, Alex”.

Mi corazón se hinchó. “Te amo, Aiden.”

Besó mi frente y luego giramos en círculos. Parejas empezaron a unírsenos y capté vistazos de amplias sonrisas y ojos extraños tras las máscaras –ojos completamente blancos, sin irises. Esos ojos… sabía lo que significaban. Nos desplazamos hasta una esquina donde oí gritos suaves viniendo de la oscuridad.

Mire la esquina sombría de la sala de baile. “¿Aiden…?”

“Shh”. Su mano se deslizó por mi espina dorsal y acunó mi nuca. “¿Me amas?”

Nuestros ojos se encontraron y se sostuvieron. “Sí. Sí. Te amo más que a nada”.

La sonrisa de Aiden se desvaneció. “¿Me amas más que a él?”

Me quedé inmóvil en su abrazo repentinamente laxo. “¿Más que a quién?”

“Que a él”, repitió Aiden. “¿Me amas más que a él?”

Mi mirada se fue más allá de él de nuevo, a la oscuridad. Un hombre nos estaba dando la espalda. Estaba presionado contra una mujer, sus labios en su cuello.

“¿Me amas más que a él?”

“¿Quién?” Intenté presionarme a él, pero me retuvo. La incertidumbre creció en mi vientre cuando vi la decepción en sus ojos. “Aiden, ¿qué pasa?”

“No me amas.” Bajó sus manos, retrocediendo. “No cuando estás con él, cuando lo escogiste.”

El hombre se giró, encarándonos. Seth sonrió, su mirada prometiendo un mundo de promesas oscuras. Promesas que yo había aceptado, que yo había escogido.

“Tú no me amas”, dijo Aiden una vez más, desvaneciéndose en las sombras. “No puedes. Nunca podrías.”

Intenté alcanzarlo. “Pero…”

Era demasiado tarde. Los bailarines convergieron y  yo estaba perdida en un mar de vestidos y palabras susurradas. Los empujé pero no pude pasar a través de ellos; no pude encontrar a Aiden ni a Seth. Alguien me empujó y caí de rodillas, la seda rasgándose. Llamé a Aiden y luego a Seth, pero ninguno  escuchó mis  súplicas. Estaba perdida, mirando fijamente los rostros escondidos tras las máscaras, mirando fijamente ojos extraños. Conocía esos ojos.

Eran los ojos de los dioses.

Me enderecé en la cama, una partícula fina de sudor cubriendo mi cuerpo mientras mi corazón intentaba salirse de mi pecho. Varios minutos pasaron antes de que mis ojos se ajustaran a la oscuridad y pudiera reconocer las paredes desnudas de mi habitación.

“¿Qué diablos?”, recorrí la parte de atrás de mi mano por mi frente húmeda y caliente. Cerré mis ojos aguados.

“¿Hmm?”, murmuró un Seth medio dormido.

Estornudé en respuesta, una y luego dos veces.

“Eso es sexy”. Alcanzó ciegamente la caja de pañuelos. “No puedo creer que todavía estés enferma. Ten.”

Suspirando, le recibí los pañuelos y acuné la caja contra mi pecho mientras sacaba unos cuantos. “Es tu culpa –¡achoo! Fue tuya la estúpida idea de ir a nadar en… achoo- agua a 5°C, idiota.”

“Yo no estoy enfermo”.

Me soné la nariz, esperando unos segundos más para asegurarme de que había terminado de sacarme los sesos, y luego dejé caer la caja al suelo. La gripa apestaba. En mis diecisiete años de vida nunca había tenido gripa, hasta ahora. Ni siquiera sabía que podíatenerla. “¿Acaso eres tan malditamente especial?”

“Lo sabes”, fue su apagada respuesta.

Girándome, miré la parte de atrás de la cabeza de Seth. Se veía casi normal con su cabeza en una almohada –mi almohada. No como alguien que se había convertido en un asesino de dioses en menos de cuatro meses. Para nuestro mundo, Seth era algo así como una criatura mitológica: hermosa, pero francamente mortal.  “Tuve un sueño extraño”.

Seth rodó. “Vamos. Vuelve a dormirte.”

Desde que habíamos vuelto de los Catskills hace una semana, él había estado detrás de mí como nunca antes. No era como si no entendiera porqué, con todo ese rollo de furias enfadadas y de mí matando a un puro. Probablemente no iba a dejarme fuera de su vista nunca más.

“De verdad necesitas empezar a dormir en tu propia cama.”

El giró su cabeza ligeramente. Una sonrisa adormilada se extendió por su rostro.

“Prefiero tu cama”.

“Y yo preferiría que celebráramos la Navidad por aquí, y entonces conseguiría regalos de navidad y podría catar canciones de navidad, pero no obtengo lo que quiero”.

Seth  me empujó hacia abajo, su brazo un peso considerable que me tenía de espaldas.  “Alex, yo siempre consigo lo que quiero.”

Un leve temblor me recorrió la piel. “¿Seth?”

“¿Sí?”

“Estabas en mi sueño.”

Un ojo del color del ámbar se abrió. “Por favor dime que estábamos desnudos”.

Puse los ojos en blanco. “Eres un pervertido”.

El suspiró lastimosamente mientras se movía más cerca. “Tomaré eso como un no.”

“Tendrías razón”. Incapaz de volver a dormirme, empecé a morderme el labio. Tantas preocupaciones surgieron que mi cerebro casi giraba. “¿Seth?”

“¿Hmm?”

Lo vi hundirse más en la almohada antes de que continuara. Había algo encantador el Seth cuando actuaba así, una vulnerabilidad y una puerilidad que no existía  cuando existía en él totalmente despierto. “¿Qué pasó cuando estaba luchando contra las furias?”

Sus ojos se abrieron en pequeñas rendijas. Esta era una pregunta que había preguntado varias veces desde que habíamos vuelto de Carolina del Norte. El tipo de fuerza y poder que había desplegado mientras encaraba a los dioses era algo que solo Seth, como un Apollyon totalmente desarrollado, debería ser capaz de lograr.

¿Una mestiza no-despierta? Sí, probablemente no. Debí haber terminado con el trasero rosado cuando peleé con las furias.

La boca de Seth se endureció. “Vuelve a dormirte, Alex”.

Se negaba a responder. De nuevo. Rabia y frustración se asomaron a la superficie. Me quité su brazo de encima. “¿Por qué no me lo dices?”

“Estás siendo paranoica”. Su brazo aterrizó en mi estómago de nuevo.

Traté escabullirme de su agarre pero este se apretó. Apretando mis dientes, me giré y me hice a su lado. “No estoy siendo paranoica, idiota. Algo pasó. Te lo he dicho. Todo… todo se veía de color ámbar. Del color de tus ojos.”

El dejó salir un gran suspiro. “He oído que la gente en situaciones de alto estrés incrementan su fuerza y sus sentidos”.

“No fue eso”.

“Y que las personas pueden alucinar bajo presión”.

Giré mi brazo de nuevo, por poco dándole a su cabeza. “No aluciné.”

“No sé qué decirte”. Seth levantó su brazo y se giró sobre su espalda. “De todas formas, ¿vas a volver a clase en la mañana?”

Instantáneamente, una nueva preocupación apareció. Las clases significaban encarar a todo el mundo -Olivia- sin mi mejor amigo. La presión creció en mi pecho. Cerré mis ojos pero el rostro pálido de Caleb apareció, ojos muy abiertos sin ver y una daga Covenant en su pecho. Parecía que sólo podía recordar cómo realmente se veía en mis sueños.
Seth se sentó, y sentí su mirada cavando hoyos en mi espalda.

“¿Alex…?”

Odiaba nuestro lazo súper especial, despreciaba absolutamente que todo lo que estuviera sintiendo se introdujera en él. Ya no había tal cosa como privacidad. Suspiré. “Estoy bien.”
Él no respondió.

“Sí, voy a ir a clase en la mañana. Marcus va a tener un ataque cuando regrese y se dé cuenta de que no he estado yendo a clase.” Me dejé caer en mi espalda. “¿Seth?”

Inclinó su cabeza hacia mí. Las sombras ahogaban sus facciones, pero sus ojos atravesaban la oscuridad. “¿Sí?”

“¿Cuándo crees que vuelvan?” Por ellos quería decir Marcus y Lucian… y Aiden. Mi respiración se detuvo. Pasaba cada vez que pensaba en Aiden y en lo que había hecho por mí, en lo que había arriesgado.

Recostándose en su lado, Seth se estiró hacia mí y tomó mi mano derecha. Sus dedos se enlazaron con los míos, palma contra palma.  La marca del Apollyon -la que no debería estar en mi mano- se calentó. Miré nuestras manos unidas, para nada sorprendida cuando vi las líneas suaves -también marcas del Apollyon- haciendo su camino en el brazo de Seth. Giré mi cabeza viendo como las marcas se regaban por su rostro. Sus ojos parecían brillar. Habían estado haciendo eso mucho más últimamente -tanto lo de las runas como lo de sus ojos.

“Lucian dijo que volverían pronto, posiblemente hoy más tarde.” Muy suavemente, movió la yema de su pulgar sobre la línea de la runa. Los dedos de mis pies se curvaron y mi mano libre se aferró a las mantas. Seth sonrió. “Nadie ha mencionado la Guardia pura-sangre. Y Dawn Salmos ya regresó. Parece que la compulsión de Aiden funcionó.”

Quería liberar mi mano. Era difícil concentrarme cuando Seth jugueteaba con la runa de mi palma. Él, por supuesto, lo sabía. Y siendo el cretino que era, lo disfrutaba.

“Nadie sabe lo que pasó realmente.” Su pulgar ahora trazó la línea horizontal. “Y así seguirá siendo.”

Mis ojos se cerraron. La verdad de cómo el guardia pura-sangre había muerto tendría que seguir siendo un secreto, o Aiden y yo estaríamos en grandes problemas. No sólo casi nos habíamos liado en el verano -y entonces yo le había dicho que lo amaba, lo que estaba totalmente prohibido-, había matado a un pura-sangre en defensa propia.  Y Aiden había usado la compulsión en dos puros para cubrirlo. Matar un puro significaba la muerte para los mestizos, y los puros tenían prohibido usar la compulsión entre ellos. Si cualquiera de las dos cosas salía a la luz, estaríamos totalmente jodidos.

“¿Eso crees?”, susurré.

“Sí.” La respiración de Seth se sentía cálida en mi sien. “Ve a dormir, Alex”.

Dejando que la calmante sensación de su pulgar contra la runa me arrullara, volví a entregarme al sueño, olvidando momentáneamente todos los errores y decisiones que había hecho en los últimos siete meses. Mi último pensamiento consciente fue para mi mayor error: no el chico al lado mío, sino el que nunca podría tener. 


En un buen día normal odiaba la clase de trigonometría. La materia en sí me parecía inútil. ¿A quién le interesaban las identidades pitagóricas cuando estaba asistiendo a Covenant para aprender a matar cosas?, pero hoy mi odio alcanzaba el punto más alto de todos los tiempos.

Casi todo el mundo me estaba mirando, incluyendo a la Sra. Kateris. Me hundí en mi asiento, enterrando mi nariz en el libro que no podría leer incluso si Apolo descendiera y me lo pidiera. Sólo un par de ojos me afectaban. El resto podía joderse.


La mirada fija  de Olivia era dura, condenatoria.


¿Por qué, por qué diablos no podíamos cambiar de asientos? Después de todo lo que había pasado, estar sentada a su lado era el peor tipo de tortura.

Mis mejillas ardían. Ella me odiaba, me culpaba por la muerte de Caleb, pero yo no lo había matado, un daimon mestizo lo había hecho. Yo sólo había sido la que había conseguido que se escapara del campus en pleno toque de queda por lo que parecía ser una buena razón.
Así que de alguna forma, era mi culpa. Lo sabía, y dioses, haría cualquier cosa para cambiar esa noche.

La explosión de Olivia en el funeral de Caleb era probablemente por lo que todos me estaban mirando furtivamente. Si lo recordaba bien, creo que me había gritado algo así como “tú eres el Apollyon” mientras yo la miraba boquiabierta.

En el Covenant de Nueva York en las Catskills, los chicos mestizos creían que yo era malditamente genial pero aquí… no tanto. Cuando encontraba sus miradas no la evitaban lo suficientemente rápido para esconder su incomodidad.

Al final de la clase, eché mi libro en mi maleta y me apuré hacia la puerta preguntándome si Deacon me hablaría en el siguiente período. Deacon y Aiden eran polos opuestos en prácticamente todo, pero ambos parecían ver a los mestizos como iguales –una cosa rara entre la raza pura-sangre-.

Los susurros me siguieron por el corredor. Ignorarlos era más difícil de lo que había imaginado. Cada célula de mi cuerpo me pedía que los confrontara. ¿Y hacer qué? ¿Saltarles encima como una súper mono araña y echarlos a todos? Sí, eso no me ganaría ningún fan.

“¡Alex! ¡Espera!”

Mi corazón se hundió con el sonido de la voz de Olivia. Aceleré el paso, prácticamente arrollando a un par de mestizos que me miraban con grandes ojos asustados. ¿Por qué me tenían miedo? No era yo la que iba a convertirse pronto en un Mata Dioses pronto, pero oh no, ellos miraban a Seth como si él fuera un dios. Sólo unas puertas más y me podría esconder en Verdades técnicas y Leyendas.

“¡Alex!”

Reconocí el tono de Olivia. Era el mismo que usaba siempre que ella y Caleb estaban a punto de tener una de sus peleas: determinado y terco.

Mierda.

Ella estaba justo detrás de mí y  yo estaba a sólo un paso de mi clase. No iba a llegar. “Alex”, dijo, “necesitamos hablar.”

“No voy a hacer esto ahora”. Porque realmente, realmente, que me dijeran que era mi culpa que Caleb estuviera muerto no estaba en la lista de cosas que quería oír hoy.

Olivia me agarró del brazo. “Alex, necesito hablarte. Sé que estás enojada, pero no eres la única que tiene permitido extrañar a Caleb. Yo era su novia…”

Dejé de pensar. Girándome, solté mi mochila en la mitad del pasillo y la agarre del cuello. En un segundo, la tenía contra la pared y parada en las puntas de sus pies. Con los ojos muy abiertos, agarró mi brazo e intentó alejarme.

Apreté solo un poco.

Por el rabillo del ojo vi a Lea, su brazo ya no estaba enyesado. El daimon mestizo que se lo había roto había matado a Caleb también. Lea dio un paso adelante como si quisiera intervenir.

“Mira, lo capto”, susurré roncamente. “Amabas a Caleb. ¿Y adivina? Yo también. Y lo extraño, también. Si pudiera retroceder el tiempo y cambiar esa noche lo haría. Pero no puedo. Así que por favor sólo déjame…”

Un brazo del tamaño de mi cintura salió de la nada y me hizo retroceder unos buenos cinco pasos. Olivia cayó contra la pared, masajeándose la garganta.

Me giré y gemí.

Leon, el rey de la sincronización impecable me miraba incrédulo. “Realmente necesitas una niñera profesional”.

Abrí mi boca, pero luego la cerré. Considerando algunas de las cosas que Leon había interrumpido antes, no tenía idea de cuánta razón tenía. Pero luego me di cuenta de algo más importante: si Leon había vuelto, entonces mi tío y Aiden también.

“Tú”, Leon señaló a Olivia, “ve a clase”. Devolvió su atención a mí. “Tú vienes conmigo”.

Mordiéndome la lengua, agarré mi mochila del suelo y comencé mi caminata de la vergüenza por el pasillo lleno de gente. Vi a Luke, pero apartó su mirada antes de que pudiera descifrar su expresión.

Leon tomó las escaleras –los dioses sabían cuánto yo las amaba- y no hablamos hasta que estuvimos en el lobby. Las estatuas de las furias ya no estaban, pero el espacio vacío me hizo un nudo en el estómago. Volverían. Estaba segura de ello. Sólo era cuestión de cuándo.

Él se alzó ante mí cuando se detuvo, casi dos metros de puro músculo. “¿Por qué siempre que te veo estás por hacer algo que no deberías?”

Me encogí de hombros. “Es un talento”.

Diversión renuente brilló en su rostro mientras que sacaba algo de su bolsillo trasero. Parecía un pedazo de pergamino. “Aiden me pidió que te diera esto”.
Mi estómago se hundió mientras tomaba la carta, mis manos temblaban. “¿Él… él está bien?”

Frunció el ceño. “Sí. Aiden está bien”.

Ni siquiera intenté ocultar mi suspiro de alivio mientras le daba la vuelta a la carta. Estaba sellada con una estampa roja que parecía oficial. Cuando levanté la mirada, Leon se había ido. Sacudiendo la cabeza, fui hacia uno de los bancos de mármol y me senté. No tenía idea de cómo Leon se podía mover un cuerpo tan grande por ahí tan sigilosamente. La tierra debería temblar a su paso.

Curiosa, deslicé mi dedo bajo el pliegue y rompí el sello. Desdoblándola, vi la firma elegante de Laadan en la parte de abajo. Examiné rápidamente el pergamino y luego volví a leerlo.

Y lo leí una tercera vez.

Me sentí inaguantablemente caliente y fría al mismo tiempo. Se me secó la boca, mi garganta se cerró. Temblores leves atravesaban mis dedos, haciendo que el papel temblara. Me puse en pie y luego me volví a sentar. Las cuatro palabras de repetían ante mis ojos. Eran todo lo que podía ver. Todo lo que me interesaba saber.

Tu padre está vivo.

9 Comments

  1. aina
    aina

    lo quiero ya :( jous love Aiden

    Febrero 27, 2013
    |Reply
  2. traduceeeeeeeeeeeeeee el librooooooooooooo por favooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooor D: siiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiii) :D

    Febrero 28, 2013
    |Reply
    • Hahaha voy, voy. Estoy en semana de parciales *screams internally* pero lo haré lo más pronto que pueda. Prometido :)

      Marzo 1, 2013
      |Reply
    • hola a partir de hoy eres mi idolo!!! soloun detalle la parte donde dice Aman es separado es A men o sea un hombre yo tmb me equivoque cuando lo quise leer en ingles jijij pero tu eres grande jejeje

      Marzo 14, 2013
      |Reply
    • ¡Tienes razón, Shay! No sé cómo se me pasó hahaha o.O La verdad sí sentí que sonaba raro pero no me di cuenta. Ya lo corregí. Gracias por avisarme :)

      Marzo 15, 2013
      |Reply
  3. FLOR
    FLOR

    Juro que TE AMO!!!!!
    Cuando me entere que estaban traduciendo el libro aca me largue a llorar de la emcion :D

    MCUHAS MUCHAS MUCHAS GRACIAS!!!!

    Marzo 18, 2013
    |Reply
  4. HAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAA mi Dios no sabes cuanto tiempo he estado buscando esto esta genial muchas Gracias te juro eres mi idolo

    Marzo 30, 2013
    |Reply
  5. wooooooooooooooow……Gracias Gracias Gracias . . estaba esperando por este libro hace mucho tiempo . . .

    Gracias

    Abril 4, 2013
    |Reply
  6. Dios mio, gracias por el libro!!

    Junio 25, 2013
    |Reply

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