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Covenant #3: Deity, de Jennifer Armentrout. CAPÍTULO 20 en español.

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CAPÍTULO 20

NOTA
Perdón por la tardanza. De verdad. 
Espero que el capítulo lo compense :)
Mi corazón estaba acelerado, mi sangre bombeando por mi cuerpo demasiado rápido para alguien que había muerto y todo eso. Traté de no mirar a Aiden y fallé mientras un Guardia entraba mis maletas a la casa de sus padres. Era medianoche y debería sentir frío, pero me sentía ridículamente caliente. Especialmente después de que Deacon se encontrara con nosotros en el porche con una ligera sonrisa en su rostro.

“Este es probablemente el lugar más seguro para esconderte mientras encontramos a Telly y podemos determinar si alguien más tiene nexos con la Orden”. Marcus dejó caer su brazo en mis hombros. “Una vez que vuelva de Nashville, te quedarás conmigo o con Lucian cuando él vuelva de New York”.


“Debería mantenerse lo más alejada de la casa de Lucian como sea posible,” dijo Apolo, apareciendo de la nada. Varios Guardias retrocedieron, sus ojos muy abiertos y rostros pálidos. Apolo sonrió. “A donde sea que esté Seth, sugiero que no esté Alexandria”.

Cada puro y mestizo hizo una reverencia. También lo hice, olvidando los puntos que estaban curando e hice una mueca.

“Necesitamos ponerle una campana,” murmuró Aiden.

Presioné mis labios para no reírme.

“De hecho”, Apolo arrastró las palabras, “está probablemente más segura aquí”.

Algo sonó como a que Deacon se estaba ahogando.

Marcus se recuperó más rápido que la última vez. “¿Has averiguado algo?”.

“No.” Apolo miró a Deacon curiosamente antes de que su mirada se quedara en Marcus. “Quiero hablar contigo en privado”.

“Por supuesto”, Marcus se giró hacia mí. “Volveré en un par de días. Por favor escucha lo que Aiden te diga y… trata de no meterte en problemas”.

“Lo sé. No se me permite salir o abandonar esta casa a menos de que Apolo me diga que lo haga.” Esas fueron las palabras exactas de Marcus. Nadie podía sacarme de la casa a excepción de Apolo, Aiden o Marcus. Ni siquiera los Guardias de Lucian. Si alguien más lo intentaba tenía permiso para patear traseros.

Marcus le dio un asentimiento de cabeza a Aiden y se giró para irse. Pasando, Apolo nos dio un saludo con dos dedos que se veía raro viviendo de él. En los últimos dos días me había acostumbrado a sus apariciones aleatorias. Parecía que encontraba mucho placer en casi matarnos a todos del susto cuando lo hacía.

“¿Estás lista?” preguntó Aiden.

Deacon arqueó una ceja.

“Cállate”, dije mientras pasaba por su lado.

“No he dicho nada”. Se giró y me siguió al interior. “Vamos a divertirnos tanto. Como una pijamada”.

¿Una pijamada en la casa de Aiden? Oh dioses, las imágenes que se me vivieron a la mente me hicieron sonrojar.

Aiden cerró la puerta mientras los demás se iban y le dio a su hermano una mirada.

Deacon se balanceó en sus talones, sonriendo. “Sólo para que lo sepas, me aburro muy fácilmente y te verás obligada a ser mi fuente de entretenimiento. Serás algo así como mi bufón”.

Le hice pistola[1].

“Bueno, eso no fue gracioso para nada”.

Aiden pasó por mi lado. “Lo siento. Probablemente vas a desear haberte quedado en la clínica.”

“Oh, apuesto que no es el caso”. Deacon encontró mi mirada con una sonrisa traviesa. “De todas formas, ¿celebraste el día de San Valentín cuando estabas visitando los barrios bajos con los humanos?”

Parpadeé. “No realmente. ¿Por qué?”

Aiden resopló y luego desapareció dentro de una de las habitaciones.

“Sígueme”, dijo Deacon. “Esto te va a encantar. Lo sé.”

Lo seguí por el corredor tenuemente iluminado que tenía escasa decoración. Pasamos varias habitaciones cerradas y una escalera de caracol. Deacon pasó un arco y se detuvo, tocando la pared. La habitación se iluminó. Era un solar típico con ventanas de cristal que llegaban hasta el techo, mobiliario de mimbre y plantas coloridas.

Deacon se detuvo en una planta pequeña que estaba en una mesa de café de cerámica. Parecía un pino miniatura al que le faltaban varias ramas. La mitad de las agujas estaban tiradas dentro y fuera de la matera. Una esfera roja de Navidad colgaba de la rama superior haciendo que el árbol se inclinara a la derecha.

“¿Qué te parece?”, preguntó Deacon.

“Hmm… bueno, es un árbol de Navidad muy diferente, pero no sé qué tiene que ver con el día de San Valentín.”

“Es triste”, dijo Aiden, entrando a la sala. “Hasta da pena mirarlo. ¿Qué clase de árbol es, Deacon?”

Él sonrió. “Se llama un árbol de navidad de Charlie Brown[2]”.

Aiden puso los ojos en blanco.

“Deacon lo saca cada año. El pino siquiera es de verdad. Y lo deja armado desde el día de Acción de Gracias[3] al día de San Valentín, que gracias a dios es pasado mañana. Lo va a desarmar.”

Pasé mis dedos por las agujas de plástico. “He visto la historieta”.

Deacon echó algo de una lata de aerosol. “Es mi árbol AFM”.

“¿Árbol AFM?”, pregunté.

“Árbol de los Festivos Mortales”, Deacon explicó y sonrió. “Cubre las tres festividades principales. Durante el día de Acción de Gracias le pongo una esfera café, una verde por Navidad y una roja para el día de San Valentín”.

“¿Qué hay de la noche de Año Nuevo?”

Bajó la cabeza. “¿Realmente es una festividad?”

“Los mortales creen que sí”, me crucé de brazos.

“Pero están equivocados. El Año Nuevo ocurre durante el solsticio de verano[4]”, dijo Deacon. “Sus cálculos estás completamente erróneos, como en la mayoría de sus tradiciones. Por ejemplo, ¿sabías que San Valentín no se trataba del amor hasta que Geoffrey Chaucer hizo lo del cortejo en la Edad Media Alta?”

“Ustedes son tan raros”, le sonreí a los hermanos.

“Eso sí que somos”, replicó Aiden. “Vamos, te mostraré tu habitación”.

“Oye Alex”, me llamó Deacon. “Vamos a hacer galletas mañana porque es la noche de San Valentín”.

¿Hacer galletas para San Valentín? Ni siquiera que había que existía ‘la noche de San Valentín’. Me reí mientras seguía a Aiden fuera de la sala. “Ustedes son realmente opuestos”.

“¡Yo soy más genial!”, gritó Deacon desde la sala de su árbol de Festivos Mortales.

Aiden se dirigió a las escaleras. “A veces creo que a uno de nosotros lo cambiaron al nacer. Ni siquiera nos parecemos físicamente.”

“Eso no es cierto”, toqué la guirnalda decorativa que cubría la barandilla de mármol. “Sus ojos son iguales”.

Me sonrió sobre su hombro. “Rara vez me quedo aquí. Deacon lo hace de vez en cuando y miembros del Concejo de visita se quedan aquí a veces. La casa suele estar vacía”.

Recordé lo que Deacon había dicho acerca de esta casa. Quise decir algo pero no se me ocurrió qué, así que lo seguí en silencio. En los últimos dos días Aiden había estado a mi lado constantemente. Como antes del incidente de la puñalada hablábamos de cosas tontas, fútiles. Y no había podido conseguirme el número de Olivia, sólo pudo conseguir el de su mamá.

“Deacon se queda en una de las habitaciones del primer piso. Yo me quedaré aquí”. Señaló la primera habitación, llamando mi atención.

La urgencia de ver su habitación fue imposible de resistir. Eché un vistazo al interior. Como la de la cabaña, sólo tenía lo esencial. Había ropa pulcramente doblada en una silla al lado de una cama de tamaño completo. No había fotografías o artículos personales. “¿Ésta era tu habitación cuando eras niño?”

“No”. Aiden se recostó contra la pared y me miró con ojos resguardados. “Mi habitación solía ser la que Deacon usa ahora. Está repleta con todas las cosas que Deacon necesita. Esta era una de las habitaciones de invitados”. Se retiró de la pared. “La tuya está al final del corredor. Es una habitación más bonita”.

Salí de su habitación. Pasamos varias puertas cerradas pero una tenía puertas dobles cerradas decoradas con incrustaciones en titanio. Sospechaba que había sido la habitación de sus padres.

Aiden abrió una puerta al final del pasillo alfombrado y encendió la luz. Pasé a su lado con la boca abierta. La habitación era enorme y hermosa. Una alfombra afelpada cubría el suelo y pesadas cortinas boqueaban el ventanal y mis maletas de ítems personales estaban organizadas cuidadosamente en un aparador.

Una TV pantalla plana colgaba de la pared y la cama era la bastante grande para cuatro personas. Alcancé a ver un baño con una enorme bañera y mi corazón se aceleró.

Viendo mi expresión enamorada, Aiden se rio. “Me imaginé que te gustaría esta habitación”.

Mire el interior del baño y suspiré. “Quiero casarme con esa bañera.” Me giré, sonriéndole. “Esto es como uno de esos hoteles súper costosos, excepto que todo es gratis”.

Él se encogió de hombros. “De eso no estoy seguro”.

“Quizás no es gratis para ti y toda tu infinita riqueza”. Fui hacia la ventana y abrí las cortinas. Vista al océano. Lindo. La luna se reflejaba en las aguas quietas de color ónix.

“El dinero no es realmente mío. Es de mis padres”.

Lo que hacía que fuera suyo y de Deacon pero no lo presioné. “La casa es muy hermosa”.

“Algunos días más que otros”.

Sentí mis mejillas colorearse. Apoyé mi frente contra la fría ventana. “¿De quién fue la idea de que me quedara aquí?”

“Fue un esfuerzo conjunto. Después de… lo que pasó no había forma de que te quedaras en el dormitorio”.

“No puedo quedarme aquí para siempre”, dije suavemente. “Una vez que la escuela vuelva a empezar necesito estar en la otra isla”.

“Algo se nos ocurrirá para entonces”, dijo. “No te preocupes por eso ahora mismo. Es más de medianoche. Debes estar cansada”.

Dejé caer las cortinas y lo encaré. Estaba junto a la puerta, sus manos cerradas en puños. “No estoy cansada. Estuve encerrada en esa habitación de hospital y en esa cama por lo que se sintió como una eternidad”.

Ladeó su cabeza. “¿Cómo te sientes?”

“Bien”. Me palmeé el estómago. “No estoy rota, ¿sabes?”

Aiden estuvo en silencio un par de segundos y luego sonrió un poco. “¿Quieres beber algo?”

“¿Estás tratando de emborracharme, Aiden? Estoy sorprendida”.

Arqueó una ceja. “Estaba pensado en algo más como chocolate caliente para ti”.

Sonreí. “¿Y qué hay de ti?”

Se giró y salió de la habitación. “Algo que por mi edad ya puedo beber”.

Puse los ojos en blanco pero lo seguí fuera. Aiden sí me hizo chocolate caliente –con pequeños malvaviscos- y él no bebió nada aparte de una botella de agua. Luego me llevó a un pequeño tour por la casa. Era parecida a la de Lucian: espléndida y magnífica con más habitaciones de las que nadie necesitaría en toda una vida y propiedades personales que probablemente valían más que mi vida. La habitación de Deacon estaba cerca de la cocina, y se accedía a ella por una puerta decorada con titanio bajo las escaleras.

Dando sorbos, me reí cuando Aiden trató de encender la esfera del árbol AFT de Deacon. Paseé por la habitación buscando artículos personales. No había una sola foto de la familia St. Delphi. Nada que probara que existieron siquiera.

Aiden estaba de pie en frente de una puerta cerrada, una habitación que no me había mostrado en el mini-tour. “¿Cómo está el chocolate?”

Sonreí. “Perfecto”.

Puso su agua en la mesa de café y se cruzó de brazos. “He estado pensando bastante en lo que dijo Apolo”.

“¿En cuál parte de toda esa locura?” Lo observe por encima del borde de mi mug amando la forma como sonreía en respuesta a las cosas estúpidas que salían de mi boca. Tenía que ser amor verdadero, decidí.

“No deberías quedarte con Lucian cuando vuelva”.

Bajé mi mug.

“¿Por qué?”

“No le falta razón sobre Seth. Estás en peligro por su culpa. Mientras más lejos de él, más segura estarás.”

“Aiden…”

“Sé que te preocupas por él, pero sospechas que Seth no ha sido honesto contigo.” Aiden se levantó y se dejó caer en una silla. Su mirada cayó y pestañas oscuras abanicaron sus mejillas. “No deberías estar cerca de él, no cuando puede volver e ir a la casa de Lucian”.

Aiden tenía un punto. Se lo concedía pero dudaba seriamente que esa fuera la razón. “¿Y te sientes así por lo que Apolo dijo?”

“No. Es más que eso”.

“¿No te gusta Seth?”, pregunté inocentemente bajando mi mug.

Apretó la mandíbula.

“Además de eso, Alex, no ha sido honesto sobre un montón de cosas. Mintió acerca de cómo un Apollyon es creado, sobre la Orden, sobre que hay una buena posibilidad de que… te esté haciendo esas marcas a propósito”.

“Vale, ¿además de esas razones?”

Me miró fijamente. “Bueno, no me gusta el hecho de que estás conformando con él”.

Puse los ojos en blanco. “Odio cuando dices eso”.

“Es la verdad”, dijo sencillamente.

Irritación empezó a burbujear bajo mi piel. “Eso no es cierto. No me estoy conformando con Seth”.

“Déjame que te haga una pregunta, entonces”, Aiden se inclinó hacia delante. “Si pudieras tener… a quien quisieras, ¿estarías con Seth?”

Lo miré con ojos como platos, algo sorprendida de que siquiera lo hubiera traído a colación. Y no era una pregunta justa. ¿Qué podía decir a eso?

“Exactamente”. Se volvió a recostar sonriendo con aires de suficiencia.

Una emoción violenta me poseyó. “¿Por qué no puedes solo admitirlo?”

“¿Admitir qué?”

“Que estás celoso de Seth”. Era uno de esos momentos en los que necesitaba callarme pero no podía. Estaba enojada y emocionada a la vez. “Sólo estás celoso de que puedo estar con Seth si quiero”.

Aiden sonrió. “Ahí. Lo acabas de decir tú misma. Estarías con Seth si quisieras estarlo. Obviamente no quieres, así que ¿por qué estás con él? Te estás conformando con él”.

“¡Ugh!” cerré mis manos en puños y quise patear algo. “Definitivamente eres la persona más irritante que conozco. Bien. Como sea. No estás celoso de Seth o del hecho de que ha estado durmiendo en mi cama por los dos últimos meses porque por supuesto que no deseas para nada que ese fueras tú.”

Algo peligroso brilló en sus ojos plateados.

Con las mejillas ardiendo, quise golpearme. ¿Por qué había dicho eso? ¿Para enojarlo o para hacerme ver a mí misma como una cualquiera? Había logrado un poco de ambas.

“Alex”, dijo, su voz baja y engañosamente suave.

“Solo olvídalo”. Empecé a pasar por su lago pero su mano fue rápida. En un momento estaba caminando y el siguiente estaba en su regazo. Lo miré con los ojos muy abiertos y el corazón casi saliéndose de mi pecho.

“Bien”, dijo, agarrando mis brazos. “Tienes razón. Estoy celoso de ese pequeño idiota. ¿Feliz?”

En vez de regodearme en la gloria de lograr que admitiera que tenía razón, puse mis manos en sus hombros y disfruté de algo totalmente diferente. “Sigo… sigo olvidando lo rápido que te puedes mover cuando quieres”.

Una sonrisa extraña y pequeña jugueteaba en sus labios. “No has visto nada aun, Alex”.

Mi pulso se puso en modo arresto cardiaco. Había terminado de discutir, terminado de hablar en general. Otras cosas estaban en mi mente. Y sabía que él estaba pensando lo mismo. Sus manos bajaron por mis brazos hasta mis caderas. Me acercó y la parte más suave de mí presionó su dureza.

Nuestros labios no se tocaron pero el resto de nuestros cuerpos sí. Ninguno de los dos se movió. Había algo primitivo en la mirada de Aiden, algo totalmente posesivo. Temblé, un temblor de los buenos. Todo en lo que podía pensar era en lo bien que se sentía, lo correcto que parecía que su cuerpo presionara el mío.

Acuné su rostro y luego deslicé mis dedos por su cabello, impresionada porque la intensidad de lo que estaba sintiendo era más fuerte que cualquier vínculo con Seth. Deliciosas sensaciones me invadieron mientras sus manos apretaban mis caderas, y cuando se meció contra mí, la forma en que sus manos temblaron me deshizo completamente.

“Hay algo que necesito decirte”, susurró, su mirada buscando la mía. “Algo que debí haberte dicho…”

“No ahora”. Las palabras lo arruinarían. Traían la lógica y la realidad consigo. Bajé mis labios a los suyos.

Una luz del pasillo se encendió fuera de la habitación.

Me alejé de Aiden como si él estuviera en llamas. A varios pies de distancia luché por recuperar el aliento mientras mis ojos se encontraban con los de Aiden. Se puso en pie, su pecho subiendo y bajando bruscamente. Hubo un segundo en el que creí que iba a mandarlo todo a la mierda y devolverme a sus brazos pero el sonido de pasos invasivos le devolvió algo de cordura. Cerró sus ojos, echó su cabeza hacia atrás y exhaló audiblemente.

Sin decir una palabra me giré y dejé la habitación. Pasé al lado de un Deacon medio dormido y confundido en el corredor.

“Tengo sed”, dijo, frotándose los ojos.

Murmuré algo parecido a buenas noches y volé escaleras arriba. Una vez dentro de la habitación, colapsé en la cama y miré el techo abovedado.

Cosas así sencillamente no deberían suceder entre nosotros. ¿Cuántas veces nos habían interrumpido? No parecía importar cuán fuerte era nuestra conexión, nuestra atracción. Algo siempre se atravesaba en el camino.

Totalmente vestida, rodé de lado y me acurruqué en posición fetal. Quería patear a todo el mundo que creyó que quedarme con Aiden era una buena idea. Nosotros –yo- tenía bastantes problemas ahora sin necesidad de lanzarme a Aiden.

Aunque no es como si realmente me hubiera lanzado a él esta vez… o la última vez. Oh diablos…

Subí mi camiseta y sentí la cicatriz bajo mi caja torácica. El acto sirvió de doloroso recordatorio de que mis problemas amorosos –o falta de ellos- no eran los más graves.

[1] Es una señal obscena que se hace con el dedo corazón ;) 
[2] Es el personaje principal de la historieta ‘Charlie Brown y Snoopy’. 
[3] La celebración tradicional estadunidense se celebra el cuarto jueves de cada noviembre.
[4] El 22 de junio.

7 Comments

  1. me encanta¡¡¡¡¡¡¡¡¡ al fin el capitulo que tanto esperaba :)

    Mayo 27, 2013
    |Reply
  2. Eliana
    Eliana

    Gracias muchas gracias por el capi me encantó

    Mayo 28, 2013
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  3. Estuvo muy bueno ;) Gracias!

    Mayo 29, 2013
    |Reply
  4. Anonymous
    Anonymous

    GRACIAS!!! ME ENCANTAAA

    Mayo 31, 2013
    |Reply

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