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Covenant #3: Deity, de Jennifer Armentrout. CAPÍTULO 30 en español.

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CAPÍTULO 30

Traducido por Adderly

Las horas pasaban en atónito silencio. Me sentía enferma, helada. ¿Cuántos habían estado en la isla? Centenares de funcionarios e instructores habían permanecido el Covenant durante las vacaciones de invierno, y muchas personas habían estado en sus casas. Las manos me temblaban. Alisé mi pelo hacia atrás mientras Aiden jugueteaba con la radio hasta que atrapó otra estación.

“…los meteorólogos dicen que una pared de agua de por lo menos treinta pies de altura que barrió cientos de millas de la costa de Carolina del Norte fue producida por un terremoto. Sin embargo, residentes de las islas vecinas salieron ilesos. Algunos han informado haber visto un grupo de hasta una docena de ciclones, pero esos informes no han sido confirmados por la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica. Se ha declarado estado de emergencia…”

Aiden apagó la radio. Entonces se estiró, pasando sus dedos por encima de mi brazo, de mi mano. Había estado haciendo eso desde que nos metimos en el coche, como si estuviera recordándose a sí mismo que estaba sentada a su lado, que todavía estaba viva después de que tantas vidas se hubieran perdido.
Apoyé la frente contra la ventana y cerré los ojos. ¿Poseidón había ido tras Seth y Lucian, o Apolo había tenido alguna manera de prevenir esa destrucción total? Todo lo que sabía era que Seth aún respiraba porque la conexión todavía estaba allí.

Al igual que había hecho durante el último par de horas, me imaginé una vez más mis rosas y brillantes paredes y las reforcé con toda mis fuerzas.

“¿Cómo te sientes?” preguntó Aiden en voz baja.

Despegué mi cabeza de la ventana y lo miré. Todo en él estaba rígido y tenso, desde la forma en que retenía el volante hasta la línea de su mandíbula. “¿Cómo puedes si quiera pensar en lo que estoy sintiendo en este momento?”

“Vi cómo reaccionaste cuando… él extrajo energía de ti.” Me echó un vistazo, sus ojos plateados. “¿Ellos te… te lastimó cuando estabas con él?” 

Estaba exhausta. Me dolía la cabeza y estaba bastante segura de que mis dedos estaban entumecidos, pero estaba viva. “No. Él no me hizo daño. Y estoy bien. Tú no deberías preocuparte por cómo estoy. Toda esa gente…” Sacudí mi cabeza, tragando la repentina opresión en mi garganta. “Lo que hizo Lucian diciéndoles que utilizaste una compulsión… Lo siento mucho.”

“Alex, no tienes razón para disculparte. No fue tu culpa.”

“Pero ¿cómo vas a poder volver? Ser un Centinela…”

“Sigo siendo un Centinela. Y con todo lo que ha pasado, estoy seguro de que soy lo último en lo que estarán pensando.” Él me miró. “Sabía que corría riesgos cuando lo hice. No me arrepiento de ello. ¿Lo entiendes?”

Aiden no se arrepentía de ello ahora, ¿pero más adelante -si había una más adelante- y si fuera juzgado por traición? Incluso si no lo fuese, estaría despojado de sus funciones de Centinela y condenado al ostracismo[1].

“¿Alex?”

“Sí. Entiendo.” Asentí con la cabeza como beneficio extra. “¿A dónde vamos?”

Sus nudillos se pusieron blancos. “Vamos a Athens, Ohio. El padre de Solos tiene una casa en el borde del bosque nacional Wayne. Debería estar lo suficientemente lejos de… él dependiendo de cuánto tiempo nos haya dado Apolo.”

“Ya no lo siento.” Habíamos dejado de referirnos de Seth por su nombre en voz alta, como si al hacerlo de alguna forma pudiera aparecerse o algo así.

“¿Crees que puedas protegerte de él, que puedas mantenlo fuera?”

Le eché un vistazo al espejo retrovisor. La otra Hummer nos seguía de cerca. ¿Cómo lo estarán llevando? ¿Lea? 

“La distancia…” 

“Él no debería de ser capaz de conectarse a través del lazo, si eso es lo que te preocupa. Quiero decir, no pudo sentir nada cuando estaba en Nueva York, así que…”

“Eso no es lo único que me preocupa,” respondió Aiden en voz baja. “Se trata de que son ocho horas en carretera.” Se sacudió el pelo de los ojos mientras miraba la luz del sol que se ocultaba. “Vamos a parar en el camino. Lo más probable es que sea en Charleston, para obtener gas y algo de comer. ¿Crees que puedas mantenerlo fuera tanto tiempo?”

“Sí. Aiden… toda esa gente”. Mi voz se quebró como si tuviera anudada la garganta. “Ni si quiera tuvieron una oportunidad.”

Aiden me agarró la mano. “No es tu culpa, Alex. “

“¿No lo es?” Las lágrimas ardían en mis ojos. “Si los hubiera escuchado a ti y Apolo cuando sugirieron que me fuera antes de que él regresara, esto no habría sucedido.”

“Eso no lo sabes.”

“Sí, lo sé.” Traté de liberar mi mano, pero Aiden la retuvo. Esperaba que fuera un buen conductor con una sola mano. “Simplemente no quería creer que él… fuera capaz de hacer algo tan terrible.”

Me apretó la mano. “Tenías esperanza, Alex. No se puede culpar a nadie por tenerla.”

“Una vez me dijiste que tenía que saber cuándo había que dejar de tener esperanza. La esperanza que yo le tenía ya había pasado su fecha de caducidad para entonces.” Intenté sonreír y fracasé. “No voy a cometer el mismo error dos veces. Lo juro.”

Llevó mi mano a sus labios, colocando un dulce beso sobre de ella. “Agapi mou, no mantengas este tipo de culpa tan cerca. Podrías haber elegido un camino diferente, pero al final elegiste el que sentías que era el correcto. Le diste una oportunidad.”

“Lo sé.” Me concentré en el camino que tenía al frente, deseando que las lágrimas se fueran. “Ya no están, ¿verdad? ¿El Covenant completo… incluso la isla Deity?” 

Dio un suspiro tembloroso. “Pudo haber sido peor. Eso es lo que me sigo diciendo a mí mismo. En tan sólo unos pocos días más… si las clases hubieran comenzado…”

La pérdida de vidas habría sido astronómica. “¿Qué vamos a hacer? No puedo ocultarme por siempre.”

Lo que no estaba dicho yacía entre nosotros. En otras palabras, a menos que Seth volviera en sí, lo que parecía muy poco probable, eventualmente él acabaría encontrándome.

“No lo sé”, dijo Aiden, mezclándose en el otro carril. “Pero estamos en esto juntos, Alex, hasta el final.”

El calor volvió a mi corazón. Su mano se sentía tan bien en la mía, aunque todo lo que nos rodeaba estaba tan increíblemente jodido, nosotros estábamos juntos en esto. Hasta el final.



Estábamos en medio de la noche cuando llegamos a Charleston, Virginia Occidental y estaba nevando ligeramente. Los vehículos rodaron hasta detenerse por las bombas en frente de una de esas localidades que tienen el tamaño de un pequeño Wal-Mart[2]. Necesitamos gasolinas y comida, y tal vez uno de esas cosas 5-Hour Energy[3], también.

“Espera.” Aiden buscó en el asiento trasero y sacó una de las dagas de hoz. “Por si acaso.”

Doblado cabía en mi bolsillo, con sólo la mitad de sobresaliendo. “Gracias.”

Sus ojos se encontraron con los míos mientras me pasaba algo de dinero. “No tardes demasiado tiempo, ¿de acuerdo? Parece que Solos va contigo.”

Miré hacia atrás. Él ya estaba esperando por el lado del pasajero. Marcus estaba jugando con la bomba de gas como si nunca hubiera usado una antes. “¿Qué quieres?”

“Sorpréndeme.” Sonrió. “Sólo ten cuidado.”

Prometiendo que lo haría, me bajé de la Hummer y casi me comí el pavimento cuando mi pie resbaló en una placa de hielo. “¡Dioses!”

“¿Alex?” Aiden llamó. “Estoy bien.” Incliné mi cabeza hacia atrás y cerré los ojos, dejando que los pequeños copos de nieve cayeran sobre mi rostro. Hacía tanto, tanto tiempo que no veía la nieve.

“¿Qué estás haciendo?”, preguntó Solos, matando el momento. 

Abrí los ojos y los obligue a ver su pecho. “Me gusta la nieve.” 

“Bueno, vas a ver un montón de nieve a donde vamos.” Empezamos a cruzar el estacionamiento, conscientes de los parches de hielo que estaban decididos a hacerme caer. “Probablemente tienen un pie o más en Athens.” 

Por un momento, fantaseé sobre peleas de bolas de nieve y paseos en trineo. Estúpido de mí por hacerlo, pero me ayudó a no enloquecer.

“No eres lo que esperaba,” dijo Solos cuando llegamos a la acera cubierta de nieve. 

Metí mis manos en mis bolsillos. “¿Qué esperabas?” 

“No lo sé.” Él sonrió, suavizando la cicatriz. “A alguien más alto.”

Una pequeña sonrisa tiró de mis labios. “No dejes que mi tamaño te engañe.”

“Lo sé. He oído cuentos acerca de tus muchas aventuras, sobre todo la forma en que luchaste en el ataque contra el Covenant de Nueva York. Algunos dicen que lo que eres lo que te hace luchar tan bien.”

Me encogí de hombros.

“Pero yo les digo que tiene más que ver con el entrenamiento que otra cosa.” Solos miró detrás de él y luego su mirada sagaz se asentó en mí. “Tú y St. Delphi parecen ser muy cercanos.” 

Mantuve mi expresión en blanco y me encogí de hombros otra vez. “Es todo bien para ser un puro.”

“¿Sólo eso?” 

“¡Hey! ¡Esperen!” Deacon pisó un trozo de hielo grueso y se deslizó a nuestro lado como un patinador profesional, sus ojos muy abiertos. “Lea quiere comer algo. Luke se va a quedar con ella.”

Salvados por Deacon. “¿Cómo lo está llevando?”

Solos agarró la puerta, manteniéndola abierta para nosotros. “Durmió casi todo el camino hacia aquí”, respondió Deacon. “Desde que se despertó, en realidad no ha hablado. Luke la convenció de que debía comer algo, así que vamos a compartir algunos Cheetos[4].”

Lo sentía por Lea y entendía su dolor. También Deacon lo hacía. Mi presencia probablemente no sería lo mejor, pero Deacon… él sería bueno para ella.

Me sacudí la nieve una vez dentro del cálido y lleno de luz centro de viajes. A excepción del cajero de pelo grasiento y flacucho que estaba leyendo lo que parecía una revista pornográfica, el lugar estaba vacío. Me gruñía el estómago, y me dirigí hacia los refrigeradores. Aiden quería agua, por supuesto, pero yo necesitaba un poco de cafeína.

Solos se quedó con Deacon porque si aparecía algún daimon hillbilly[5] Deacon sería el que necesitaría ayuda. Tomé una botella de agua y una Pepsi, examiné la tienda. El cajero bostezó y se rascó el pecho, sin alzar la mirada. Nieve comenzaba a caer en copos grandes. Suspirando, ignoré el deseo de ver la nieve y arrastré los pies hacia el pasillo de frituras. La parte de la tienda de los sándwiches hechos bajo encargo no estaba abierta, así que nuestras opciones eran muy limitadas.

Un pesado olor a almizcle y humedad inundo el aire. Olfateé, encontrando el olor extrañamente familiar. Pasé a un Deacon con sus brazos llenos.

“Será mejor que te des prisa. Solos se está poniendo nervioso acerca del mortal.”

Miré hacia la parte delantera de la tienda. “¿Qué? Sólo hay un tipo aquí.”

“Lo sé.”

Sacudiendo la cabeza, agarré un paquete de carne seca y una bolsa de patatas fritas con sabor a eneldo[6]. Baje la mirada a mis golosinas y decidí que necesitaba algo dulce. Después de una breve parada en el área de barras de caramelo, regresé a la parte delantera.

“Agradable de tu parte que te unas a nosotros”, murmuró Solos. Una bolsa de cacahuetes y una bebida energética estaban en sus manos. No le hice caso mientras Deacon miraba afuera. El cajero subió la mirada cuando le entregué mi festín de calorías, pero no dijo nada. La gente era súper amable por estos lugares.

“Son $10.59,” el hombre gruñó.

Buenos dioses. ¿Qué compré? Busqué en mi bolsillo el dinero que Aiden me había dado. De repente, el olor a almizcle regresó, pero mucho más fuerte. Y entonces me acordé de ese olor. Era el mismo olor de musgo del Inframundo. Las luces fluorescentes del techo parpadearon una vez, luego dos veces.

“Oh dios,” dije en voz baja, y mi corazón cayó.

Solos se quedó inmóvil a mi lado. “¿Qué pasa?”

“No se preocupen”, dijo el empleado, mirando hacia las luces. “Sucede todo el tiempo con la nieve. Los conductores chocan contra los postes de luz por la nieve negra que hay ahí afuera. No deben ser de por aquí.”

El aire se espesaba a nuestro alrededor, llenándolo con la misma electricidad que había envuelto la Isla Deity momentos antes de la llegada de Poseidón. El mortal no podía sentirlo. 

Hubo un estallido y chispas volaron. La cámara de seguridad junto a la puerta se detuvo parpadeando en rojo mientras el humo emanaba de ella. 

“¿Qué demonios?” El cajero se inclinó sobre el mostrador. “Ahora no he visto nada[7] como eso antes.”

No había visto nada[8] como eso tampoco. Solos agarró el brazo de Deacon. “Es hora de irnos.”

Con los ojos abiertos, Deacon asintió. “Lo que digas, hombre.”

Dejando mis artículos en el mostrador, nos dirigimos a la puerta. Al diablo con los alimentos. Definitivamente algo iba a pasar, algo… algo divino.

“¡Hey! ¿A dónde van? No…”

Un profundo gruñido interrumpió sus palabras. Nos detuvimos a unos cinco metros de la puerta. Mi corazón saltó a mi garganta. El olor a perro mojado se fortaleció, y el vello de mi cuerpo se erizó. Me di la vuelta lentamente y pasé mi mirada por la tienda. Me agaché, envolviendo mi mano alrededor del mango de la cuchilla de la hoz.

Al lado de la sección de Twinkies[9] y pastelitos, el aire brillaba. Formas distintivas de huellas de botas grandes aparecieron, ennegreciendo el piso de vinilo, llenando el aire con volutas de humo y azufre. La estrella de viajes blanca pintada en el vinilo burbujeó y sacó humo.

Dos piernas recubiertas de cuero, caderas estrechas, y continuación, un amplio pecho aparecieron de la nada. En el momento en que mi mirada fue a su rostro, creo que dejé de respirar. ‘Oscuramente apuesto’ no le hacía justicia. ‘Pecaminosamente hermoso’ ni siquiera se acercaba cuando se trataba de describir a este dios de cabello negro. El olor a azufre y humo delató su identidad.

Hades era un tipo ardiente para ser un dios, y estaba segura de que estaba allí para matarme.

Una escopeta se disparó, lastimándome los oídos y haciendo que saltara.

“No quiero nada de esta mierda aquí dentro.” El cajero inclinó la pistola de nuevo. “La próxima vez no voy a…”

Hades alzó una mano, y los ojos del cajero se pusieron en blanco en sus cuencas. Cayó al suelo sin siquiera decir una palabra más. Hades sonrió, mostrando un perfecto juego de dientes ultra-blancos. El Inframundo tenía un plan dental del demonio. 

“Ahora, podemos hacer esto por las buenas o por las malas”, dijo Hades, de forma encantadora. Extrañamente, parecía tener un acento británico. “Todo lo que quiero es a la chica.”

Solos llevó a Deacon contra el filo del mostrador, bloqueándolo ahí, y bajando casualmente sus cacahuetes y su bebida energética. “Eso va a ser un problema.”

Hades se encogió de hombros. “Entonces será de la forma difícil.”


[1] En la antigua Grecia, destierro político al que se condenaba a algunos ciudadanos.
[2]Es una empresa minorista multinacional estadounidense que dirige las cadenas de grandes tiendas de descuento y tiendas de almacén.
[3]Bebida energizante.
[4]Marca que engloba varios tipos de snacks de harina de maíz con sabor a queso.
[5]Término peyorativo usado en Estados Unidos para definir a los habitantes de ciertas áreas remotas, rurales o montañosas.
[6]Es una hierba usada como condimento que proviene del Mediterráneo.
[7]Nuttin’ en el original. Se refiere al acento del llamado ‘Appalachian English’ propio de los estados noroccidentales.
[8]Nuttin’, también.
[9] Son pastelitos rellenos de crema. En Colombia los conocemos como ‘Submarinos’.

12 Comments

  1. Muchas gracias!!! como entre capitulo y capitulo me voy leyendo otros libros ya me he olvidao de cosas…quien era Solos??

    Junio 27, 2013
    |Reply
  2. gracias por traducir y sasha tenes razon aveces tengo que leer el capitulo anterior para recordarme que estaba pasando

    Junio 28, 2013
    |Reply
  3. Graciass por traducirlo, muchísimas gracias. Cada vez queda menos para el final …:)

    Junio 28, 2013
    |Reply
  4. Graaaaaaaacias!!! Qué poquito queda! :D

    Junio 28, 2013
    |Reply
  5. gracias!!! ya quiero saber que pasa con hades, son las mejores chicas

    Junio 30, 2013
    |Reply
  6. Dios gracias!!! Me leí los cap en un díaaa!!! y Dioses muero por los que faltan!!! Gracias gracias por su tiempo y dedicación :D

    Julio 1, 2013
    |Reply

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