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Covenant #3: Deity, de Jennifer Armentrout. CAPÍTULO 4 en español.

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CAPÍTULO 4
Estaba exhausta para el momento en que me dejé caer el en asiento más lejano del escritorio de Marcus. Esas escaleras habían sido una tortura pero estaba agradecida de que nadie hubiera esperado que caminara hasta la isla donde Lucian vivía. No creo que hubiera podido. Todo lo que quería era enrollarme e ir a la cama, a cualquier otra parte menos a esta habitación iluminada.

“¿Dónde está todo el mundo?”, preguntó Seth, de pie detrás de mí. Sus manos descansaban en el espaldar de la silla, pero sus dedos, tapados por mi cabello, estaban presionados contra mi espalda. “Pensaba que el tiempo era esencial”.

Leon parecía orgulloso de sí mismo. “Debí haber confundido la hora”.

Una sonrisa cansada tiró de mis labios mientras subía mis piernas y las doblaba debajo de mí. Como ya lo había dicho, Leon era el Rey de la Sincronización Impecable. Quizás podría tomar una siesta antes de que los demás llegaran. Cerré mis ojos, apenas poniéndoles atención a Seth y a Leon, que intentaban atacarse verbalmente.

“La mayoría de los entrenamientos no tienen lugar en un dormitorio”, dijo Leon. “¿O han cambiado la metodología drásticamente?”

Punto número dos por comentario mordaz para Leon.

“El tipo de entrenamiento que tenemos que hacer es poco convencional”, Seth hizo una pausa y yo supe que tenía esa sonrisa horrible en su rostro. La que hacía que quisiera golpearlo tantas veces. “No es como si un Centinela pudiera entender del todo la cantidad de esfuerzo que requiere preparar a un Apollyon.”

Punto número tres por comentario mordaz para Seth.

Bostecé mientras me acurrucaba más en la silla, poniendo mi mejilla en el espaldar.

“¿Pasa algo malo, Alexandria?”, preguntó Leon. “Te ves horriblemente pálida”.

“Está bien”, respondió Seth. “Nuestro entrenamiento fue algo… agotador. Tú sabes, hay que moverse mucho. Sudar, empuj…”

“Seth”, le espeté, dándole a regañadientes los puntos cuatro, cinco y seis a él.

Misericordiosamente, las puertas de la oficina de Marcus se abrieron y un montón de gente entró. Primero fue mi tío pura-sangre, el Decano del Covenant de Carolina del Norte. Detrás de él entró Lucian, mi padrastro pura-sangre, el ministro del Covenant de Carolina del Norte. Estaba usando una de esas ridículas túnicas blancas, su cabello negro cayendo por su espalda recogido en una correa de cuero. Era un hombre apuesto, pero había siempre algo falso y frío en él sin importar cuán cálidas fueran sus palabras. Estaba flanqueado por cuatro de sus Guardias como si esperara que una flota de daimons lo atacara y le chuparan todo el aether. Supongo, teniendo en cuenta los eventos más recientes, que no podía ser demasiado cuidadoso. Y detrás de él estaban el Guardia Linard y Aiden.

Evité su mirada y oré porque Seth tuviera su boca cerrada.

Marcus me miró mientras se sentada tras su escritorio, sus cejas subiendo con curiosidad. “¿Estamos interrumpiendo tu siesta, Alexandria?”

No “¿cómo estás?” o “qué bueno que sigas viva”. Sí, él sí que amaba.

Leon se retiró a la esquina, cruzándose de brazos. “Estaban entrenando”, hizo una pausa, “en su habitación”.

Quería morirme.

Marcus frunció el ceño pero Lucian -mi muy amado Lucian- tuvo una respuesta típica. Sentándose en una de las sillas frente a Marcus, se arregló la túnica y rió. “Es de esperarse. Son jóvenes y se gustan. No puedes culparlos por buscar cierta privacidad”.

No pude evitarlo. Mis ojos encontraron los de Aiden. Estaba de pie junto a Leon y Linard, su mirada yendo por toda la habitación, deteniéndose en mí antes de seguir. Solté la respiración que había estado conteniendo y me centré en mi tío.

Los ojos de Marcus eran como joyas de esmeraldas, justo como los de mi madre pero más severos. “Destinados o no, las reglas del Covenant todavía se les aplican, Ministro. Y por lo que he oído, Seth tiene dificultades permaneciendo en su habitación en su casa durante la noche”.

Esto en serio no podía volverse más vergonzoso.

Seth se inclinó sobre el espaldar de mi silla y bajó su cabeza. Susurró en mi oído: “Creo que nos han pillado”.

No había forma de que Aiden pudiera haberlo oído pero oleadas de ira brotaba de él, tantas que Seth levantó su cabeza, encontró su mirada y sonrió.

Había tenido suficiente. Sentándome derecha, quité el brazo de Seth de mi silla. “¿Nos hemos reunido para hablar de esto? Porque, en serio, realmente prefiero la siesta.”

Marcus me miró fríamente. “De hecho, estamos aquí para discutir los acontecimiento del Concejo.”

Hielo se deslizó en mi estómago. Intenté mantener el rostro en blanco pero mis ojos fueron a Aiden. Él no parecía preocupado. De hecho, todavía estaba fulminando con la mirada a Seth.
“Hay varias cosas que hemos descubierto sobre  el viaje”, dijo Lucian.

Marcus asintió, sus dedos sosteniendo su barbilla. “El ataque daimon es una de ellas. Sabemos que algunos pudieron planear los ataques”.

Mi mamá había sido uno de ellos. Había estado detrás del ataque en Lake Lure durante el verano, la primera prueba de que los daimons podían formar planes cohesivos.

“Pero ese tipo de ataque a gran escala es… desconocido”, continuó Marcus, mirándome. “Sé… sé que tu madre había insinuado que pasaría, pero que lograran algo de esa naturaleza parece improbable.”

Aiden ladeó su cabeza. “¿Qué estás diciendo?”

“Creo que tuvieron ayuda”.

Mi corazón tartamudeó. “¿Del interior… de un mestizo o de un puro?”

Lucian resopló. “Eso es absurdo”.

“No creo que eso esté enteramente desencaminado”, dijo Leon, sus ojos entrecerrados clavados en el Ministro.

“Ningún mestizo o puro ayudaría voluntariamente a un daimon”. Lucian juntó sus manos.

“Quizás no fue voluntario, Ministro. El puro o mestizo pudo haber sido coercido”, continuó Marcus, y donde debí haber sentido alivio sólo sentí algo desagradable asentarse. ¿Y si alguien de hecho los hubiera dejado pasar las puertas?

No. No había forma de que esa hubiera pasado. Si las sospechas de Marcus eran acertadas, tenía que haber sido bajo coacción.

Marcus me miró. “Hay algo que tenemos que tener en cuenta por la seguridad de Alexandria- Los daimons estaban allí por ella. Podrían volver a intentarlo. Capturar a un Guardia o a un Centinela y hacer que los guíe a ella. Es algo de lo que tenemos que estar conscientes.”

Me quedé inmóvil e imaginé que Aiden y Seth también. Los daimons no habían estado tras de mí. Había sido una mentira que habíamos contado para que yo pudiera dejar las Catskills inmediatamente después de que… había matado al Guardia pura-sangre.

“Estoy de acuerdo”, la voz de Aiden estaba remarcablemente llana. “Podrían hacer otro intento”.

“Hablando de su seguridad”, Lucian se giró en su asiento hacía mí. “Las intenciones del Ministro Telly fueron terriblemente claras, y si hubiera sabido lo que planeaba nunca habría accedido a esa sesión del Concejo. Mi mayor prioridad es que ver que permanezcas a salvo, Alexandria”.

Me removí incómodamente. Mientras crecía, Lucian nunca había siquiera pretendido que se preocupaba por mí, pero desde que había vuelto al Covenant a finales de mayo había actuado como si fuera su hija pródiga. No me engañaba. Si no fuera en segundo Apollyon no estaría acá sentado. ¿A quién engañaba? Probablemente me hubieran comido los daimons en Atlanta.

Sus ojos encontraron los míos. Eran de un negro innatural, del color de la obsidiana y fríos. Desde cerca no parecían tener pupilas. “Me temo que el Ministro Telly pudo haber estado tras la compulsión y el desagradable intento de darte ese brebaje”.

Lo sospechaba, pero oírselo decir me hacía sentir mareada. Como la cabeza de todos los Ministros, Telly ejercía mucho control. Si no hubiera sido por el voto de la Ministra Diana Elder, yo hubiera terminado como sirviente.

“¿Cree que intentará algo más?”, era difícil no responder a la voz melódica y grave de Aiden.
Lucian negó con la cabeza. “Quisiera decir que no, pero temo que intente otra cosa. Lo mejor que podemos hacer en este punto es asegurarnos de que Alexandria no se meta en problemas y no darle ninguna excusa para que la condene a la esclavitud”.

Varios pares de ojos se fijaron en mí. Disimulé otro bostezo y levanté mi barbilla. “Trataré no hacer nada estúpido.”

Marcus arqueó una ceja.

“Eso sería lindo, para variar”.

Lo miré, frotándome la rodilla flexionada con la palma izquierda. La piel se sentía extraña y hormigueaba.

“¿No hay un método más proactivo?”, preguntó Seth, recostándose en mi silla. “Creo que todos estamos de acuerdo en que Telly intentará algo otra vez. No quiere que Alex Despierte. Nos tiene miedo”.

“A ti te tiene miedo”, murmuré, y luego volví a bostezar.

Seth inclinó mi silla hacia atrás, haciendo que cogiera los brazos. Me sonrió, lo que fue raro teniendo en cuenta lo que dijo a continuación: “Casi llega a Alex. ¿Quién dice que no ideará una trampa contra ella y ganar votos a su favor?”

“Diana nunca comprometería su posición para atender los deseos de Telly”, dijo Marcus.

“Wow. ¿Están en la fase de usar el primer nombre?”, pregunté.

Marcus ignoró mi comentario. “¿Qué sugieres, Seth?”

Seth empujó el espaldar de mi silla y se movió para estar a mi lado. “¿Qué tal si lo quitamos de su posición? Entonces no tendría poder alguno.”

Lucian miró a Seth con aprobación y juro que Seth sonrió. Casi como si le hubiera llevado un boletín con buenas calificaciones y estuviera a punto de conseguir una palmadita en la cabeza. Raro. Raro y extraordinariamente aterrador.

“¿Estás sugiriendo un golpe político? ¿Qué nos rebelemos contra el Ministro Jefe?”, Marcus miró a Lucian con incredulidad. “¿Y no tienes nada qué decir?”

“Jamás querría rebajarme a algo tan de mal gusto, pero el Ministro Telly está chapado a la antigua. Sabes que no hay nada que desee más que vernos atrasarnos como sociedad”, replicó suavemente. “Iría a los extremos para proteger sus creencias”.

“¿Cuáles creencias, exactamente?”, pregunté. El cuero hacía sonidos poco atractivos cuando me hundía en el asiento.

“Telly amaría que no tuviéramos que relacionarnos con los mortales. Si consiguiera lo que quiere, no haríamos nada más que dedicarnos a adorar a los dioses”. Lucian alisó su túnica con una mano pálida. “Cree que el deber del Concejo es proteger el Olimpo en vez de llevar a los nuestros al futuro y al lugar que nos pertenece”.

“Y nos ve como una amenaza a los dioses”, dijo Seth cruzándose de brazos. “Sabe que no puede venir en pos de mí, pero Alex es vulnerable hasta que Despierte. Algo hay hacer”.

Hice una mueca. “No soy vulnerable”.

“Pero lo eres”, los ojos de Aiden eran gris plomo cuando se fijaron en mí. “Si el Ministro Telly realmente teme que Seth sea una amenaza, entonces buscará sacarte de la ecuación. Tiene el poder para hacerlo.”

“Entiendo eso, pero Seth no va a volverse loco con el Concejo. No va a intentar dominar el mundo una vez que Despierte.” Lo miré. “¿Verdad?”

Seth sonrió. “Estarías de mi lado”.

Ignorándolo, envolví mis brazos alrededor de mis piernas. “Telly no puede borrarme sólo con la excusa de ser una amenaza”. Pensé en mi padre. Sabía sin duda alguna que él también estaba detrás de eso. “Tiene que haber algo más”.

“Telly vive para servir a los dioses”, dijo Lucian. “Si siente que ellos pueden estar amenazados, esa es toda la justificación que necesita”.

“¿Acaso tú no vives para servir a los dioses?”, preguntó Leon.

Lucian apenas si miró en la dirección del Centinela pura-sangre. “Sí, pero también vivo para servir los intereses de mi gente”.

Marcus se frotó la ceja con cautela. “Telly no es nuestra mayor preocupación. También están los dioses”.

“Sí”, asintió Lucian. “También está el problema con las furias”.

Me pasé la mano por la frente, obligándome a concentrarme en la conversación. Era una gran cosa que incluso me incluyeran en esto, así que supuse que tenía que poner atención y dejar la mordacidad al mínimo.

“Las furias atacan sólo cuando perciben una amenaza directa contra los pura-sangre y los dioses”, explicó Marcus. “Su aparición en los Covenants antes del ataque daimon fue un mero acto de precaución de los dioses. Fue una advertencia de que si no podemos mantener a la población daimon bajo control, o si nuestra existencia es expuesta a los mortales, ellos van a responder. Y cuando los daimons hicieron su ataque en el Covenant, las furias fueron liberadas, pero fueron por ti, Alex. Aunque habían daimons que pelear, te percibieron como la mayor amenaza.”

Las furias habían pasado a través de daimons y gente inocente en esos instantes sangrientos después del ataque y habían venido por mí. No iba a mentir, nunca había estado más asustada en mi vida.

“Volverán”, agregó Leon. “Es su naturaleza. Quizás no inmediatamente, pero lo harán”.

Mi cabeza estaba girando. “Eso me lo imaginé, pero no he hecho nada malo”.

“Existes, querida. Eso es todo lo que necesitan”, dijo Lucian. “Y eres la más débil de los dos”,
También era la más dormilona de los dos.

Seth se balanceó en sus pies. “Si vuelven, las destruiré.”

“Buena suerte con eso”. Cerré mis ojos, dejando que descansaran de la fuerte luz. “Sólo arderán y volverán ahí mismo”.

“No si las mato”.

“¿Con qué?, preguntó Aiden. “Son diosas. Ningún arma hecha por el hombre o semidiós las matará”.

Cuando abrí mis ojos, Seth estaba sonriendo. “Akasha”, dijo. “Eso las dejará fuera de combate permanentemente”.

“No tienes esa clase de poder todavía”, declaró Leon, su mandíbula tensa.

Seth continuó sonriendo hasta que Lucian se aclaró la garganta y habló. “Nunca pude ver a las furias. Habría sido algo… digno de ser presenciado”.

“Eras hermosas”, dije. Todos se giraron hacia mí. “Al principio lo eran. Nunca había visto algo así. De todas formas, una dijo que Tánatos[1]no estaría contento luego… de que me deshice de ellas.  Dijo algo sobre la ruta que los Poderes habían escogido y que yo sería su herramienta. El Oráculo también dijo algo así, antes de hacer poof[2].”

“¿Quiénes son los poderes?”, preguntó Leon.

Aiden asintió. “Esa es una buena pregunta”.

“Esa no es nuestra preocupación. Las furias sí”, respondió Lucian, desestimando el apunte con un giro de su elegante muñeca. “Como Telly, están operando con base en viejos miedos. Las furias son leales a Tánatos. Si vuelven, me temo que Tánatos no estará muy lejos.”

Marcus dejó caer a su mano a su brillante escritorio de caoba. “No puedo permitir que los dioses ataquen la escuela. Tengo cientos de estudiantes que proteger. Las furias no discriminaron entre sus víctimas”.

No había mencionado ni una sola vez el mantenerme a salvo. Eso como que dolía. Quizás estábamos emparentados, pero eso no nos convertía en una familia de verdad. Marcus nunca me había sonreído, ni una vez. Realmente no me quedaba nadie. Eso hacía que recuperar a mi padre fuera mucho más importante.

“Sugiero que movamos a Alex a un lugar seguro”, ofreció Lucian.

“¿Qué?”, mi voz se quebró.

Lucian me miró.

“Las furias saben que pueden encontrarte aquí. Podríamos llevarte a algún lugar seguro”.
Seth se sentó en el brazo de mi silla, cruzando sus largas piernas en el tobillo. No parecía estar sorprendido por nada de esto.

Golpeé su espalda, llamando su atención. “¿Sabías de esto?”, susurré.

No respondió.

La mirada que le di prometía problemas más tarde y no de los divertidos. Seth pudo haberme dado al menos la cara acerca de esto.

Aiden frunció el ceño. “¿A dónde la llevarías?”

Mis ojos se fueron a él de nuevo. Los músculos de mi pecho se cerraron cuando nuestras miradas se encontraron momentáneamente. En ese momento, si me concentraba lo suficiente, podía sentir sus brazos a mí alrededor. No era la mejor táctica cuando todo el mundo estaba discutiendo mi futuro como si yo ni estuviera ahí.  

“Mientras menos personas lo sepan, mejor”, Lucian replicó. “Estaría protegido por mis mejores Guardias y por Seth”.

Marcus pareció considerarlo. “No tendríamos que preocuparnos porque las furias atacaran aquí.” Miró en mi dirección, su expresión reservada. “Pero si deja el Covenant ahora, no se graduará ni se convertirá en Centinela.”

Mi estómago dio un vuelco. “Entonces no puedo irme. Tengo que graduarme.”

Lucian sonrió y quise darle un puño. “Querida, ya no tienes que preocuparte por ser una Centinela. Serás un Apollyon.”

“¡No me interesa! ¡Ser un Apollyon no es mi vida entera! Necesito convertirme en Centinela. Es lo que siempre he querido.” Esas últimas palabras se asentaron extrañamente en mi estómago. Lo que siempre quise fue tener opciones. Convertirme en Centinela era el mejor de los males, en realidad.

“Tu seguridad es más importante que lo que deseas”. La voz de Lucian era dura, devolviéndome a cuando era una niña que se inmiscuía en una habitación donde no debía o cuando me atrevía a hablar sin pedir la palabra. Ése era el verdadero Lucian y se salió de su fachada.

Nadie más se dio cuenta.

Apreté mis piernas hasta que me dolieron. “No. Necesito convertirme en Centinela.” Busqué a Seth para que me ayudara, pero él estaba súbitamente interesado en las puntas de sus botas. “Ninguno de ustedes lo entiende. Los daimons me quitaron a mi mamá y la convirtieron en un monstruo. ¡Miren lo que me hicieron!” Luché por respirar, sabiendo que estaba a dos segundos de salirme de mis casillas. “Además, no importa dónde me lleven, las furias me encontrarán. ¡Son diosas! No es como si pudiera esconderme para siempre”.

Lucian me miró plenamente. “Nos daría algo de tiempo”.

La ira pasó a través de mí. Casi me salgo de la silla. “¿Tiempo para que Despierte? ¿Y luego qué? ¿No te importa lo que me pase?”

“Tonterías”, dijo Lucian. “No sólo tendrás poder, Seth podría protegerlos a ambos.”

“¡No necesito que Seth me proteja!”

Seth me miró por encima del hombro. “Tú sí que sabes cómo hacer sentir a un tipo útil”.

“Cállate”, siseé. “Sabes lo que quiero decir. Puedo pelear. He matado daimons y luché contra las furias y sobreviví. No necesito que Seth sea mi niñera.”

Leon resopló.

“Tú sí necesitas una niñera, pero dudo que él esté calificado para el trabajo”.

Aiden tosió, pero sonó un montón como una risa disimulada.

“¿Crees que puedes hacerlo mejor?”, la voz de Seth era casual, pero lo sentí tensarse. También sabía que no le hablaba a Leon. “Porque eres bienvenido a intentarlo.”

Los ojos de Aiden pasaron de gris a plata. Sus labios llenos se curvaron en una sonrisa mientras encontraba la mirada de Seth. “Creo que ambos sabemos la respuesta a esa pregunta.”

Mi quijada llegó al suelo.

Enderezándose, Seth cuadró los hombros. Antes de que pudiera decir algo, lo que sabía que sería algo muy malo, salté del asiento. “No puedo dejar el…” Puntos rojos bailaron ante mis ojos, haciendo que todo se viera borroso mientras mi estómago se inclinó peligrosamente. “Wow…”

Seth estaba a mi lado en un instante, un brazo alrededor de mi cintura. “¿Estás bien’”, me recostó en la silla. “¿Alex?”

“Ajá”, respiré, levantando lentamente la cabeza. Todo el mundo me estaba mirando fijamente. Aiden había dado un paso adelante con ojos como platos. Mis mejillas ardieron. “Estoy bien. En serio. Sólo algo cansada”.

Seth se arrodilló a mi lado, tomando mi mano. La presionó gentilmente mientras miraba por encima del hombro. “Ha tenido gripa toda la semana”.

“¿Ha tenido gripa?”. Lucian frunció los labios. “Qué… mortal”.

Le lancé una mirada de odio.

“Pero nosotros… los mestizos no se enferman”, dijo Marcus, sus ojos entrecerrándose.

“Bueno, puedes decírle eso a la caja de Kleenex con la que he estado viviendo.” Me pasé los dedos por el pelo. “En serio, ya estoy bien.”

Marcus se puso en pie de repente.

“Creo que hemos terminado por hoy. Estamos de acuerdo en que nada tiene que decidirse en este momento”.

Lucian, que se había quedado callado y dócil, asintió.

La discusión terminó y tuve un respiro momentáneo. No  abandonaría el Covenant ahora mismo, pero no podía sacudirme el miedo que me roía el estómago de que, eventualmente, la decisión no sería mía.

[1]En la mitología griega es la personificación de la muerte no violenta. En la mitología romana se le conoce como Mors.
[2]Se refiere al sonido que hacen las cosas al desaparecer. Poof, en inglés. 

7 Comments

  1. uyyyy k hancias tengo de leer el próxmo cap….me estoy empezando a dar cuenta k lucian y seth están compinchados…. wowwwww la lucha de palabras de aiden e seth me encantó!!!!! anciosa por leer el próximo cap!!!!

    Marzo 5, 2013
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  2. Anonymous
    Anonymous

    Amo a Seth!!!, cuando suben nuevo capitulo?

    Marzo 5, 2013
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  3. Anonymous
    Anonymous

    Seth<3

    Marzo 5, 2013
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  4. Anonymous
    Anonymous

    La actitud de seth me encanta es tan presumido y arrogante, LO AMO :)

    Marzo 8, 2013
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  5. Anonymous
    Anonymous

    me encanta seth, pero es…algo obvio que trama algo con Lucian.Tambien es OBVIO que Aiden no se ha olvidado de Alex.El amor les hace ciegos.Ui que bonito ha quedado jajaja bueno voy a por el proximo cap :)Estoy algo dividida <3

    Marzo 20, 2013
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