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Covenant #3: Deity, de Jennifer Armentrout. CAPÍTULO 5 en español.

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CAPÍTULO 5
Me quedé dormida a la mañana siguiente y me perdí las primeras dos clases. Como que funcionó porque no tuve que ver a Olivia después de intentar ahogarla el día anterior, pero el cansancio de la noche anterior  seguía aplastándome. Pasé el descanso antes de las clases de la tarde discutiendo con Seth.

“¿Cuál es tu problema?”, empujó su silla hacia atrás.

“Ya te lo dije”, miré alrededor a la sala común escasamente llena. Era mejor que comer en la cafetería donde todo el mundo nos miraba fijamente. “Sé que conocías el plan de Lucian de ponerme en el Programa de Recolocación Apollyon.”

Seth gimió. “Vale. Bien. Quizás lo mencionó. ¿Y qué? Es una idea inteligente”.

“No es una buena idea, Seth. Necesito graduarme, no andar escondiéndome.” Bajé la mirada al sándwich frío que no había tocado.  Mi estómago dio un vuelco. “No voy a huir”.

Se recostó en la silla, entrelazando las manos detrás de su cabeza. “Lucian está pensando en tus intereses.”

“Oh dioses. No empieces con la mierda de Lucian. No lo conoces como yo”.

“La gente cambia, Alex. Seguramente fue un gran cretino antes, pero ha cambiado”.

Le di una mirada y, de repente, ni siquiera sabía por qué estaba discutiendo. Mis hombros se desplomaron. “¿Cuál es el punto, de todas formas?”

Seth frunció el ceño. “¿Qué quieres decir?”

“Nada”. Jugué con mi pitillo.

Se reclinó hacia delante, empujando mi plato. “Deberías comer más.”

“Gracias, papá”, le espeté.

Alzó sus manos, recostándose. “Relájate, conejito arrunchador”.

“Todo esto es culpa tuya, de todas formas”.


Seth bufó. “¿Cómo es esto mi culpa?”

Fruncí el ceño. “Nadie quiere matarte, pero eres tú el que tiene el potencial de borrar del mapa a la Corte Olímpica. Pero no, todo el mundo es como ‘¡matemos al que no está haciendo nada!’. Y tú puedes sólo largarte al atardecer mientras yo muero”.

Sus labios se curvaron de nuevo. “No me largaría si estuvieras muerta. Estaría triste”.

“Lo estarías porque no serías el matadioses.” Levanté mi sándwich, girándolo lentamente. “Olivia me odia”.

“Alex…”

“¿Qué?”, alcé la mirada. “Me odia porque dejé que Caleb muriera”.

Sus ojos se entrecerraron.

“Tú no lo dejaste morir, Alex.”

Suspiré, de repente teniendo ganas de llorar. Esto oficialmente jodida. “Lo sé. La extraño”.

“¿Has intentado hablarle?”

Abrió los ojos como platos ante la mirada que le di. Señaló el sándwich. “Come”.

De mala gana, tome un gran mordisco.

Seth arqueó una ceja al observarme. “¿Hambrienta?”

Tragué. La comida formó un nudo pesado en mi estómago. “No.”

No hablamos por unos cuantos minutos. Sin quererlo, giré mi mano izquierda y miré el lugar donde la runa en forma de corchete brillaba suavemente. “¿Tú… tú hiciste esto a propósito?”

“¿Qué? ¿La runa?”, tomó mi mano, sosteniéndola para que mi palma quedara hacia arriba. “No, no lo hice a propósito. Ya te lo dije”.

“No lo sé. Parecía como si hubieras estado concentrando en algo cuando pasó”.

“Estaba concentrado en tus emociones”, Seth pasó su pulgar alrededor del glifo, casi tocándolo. “No te gusta, ¿verdad?”

“No”, susurré. Otra marca significaba estar un paso más cerca de convertirme en alguien algo más. “¿Qué significa ésta?”

“La fuerza de los dioses”, respondió, sorprendiéndome, “La otra significa coraje del alma.”

“¿Coraje del alma?”, me reí. “No tiene sentido”.

Su mano se deslizó a mi muñeca, sosteniendo su pulgar sobre mi pulso. “Hay cinco marcas que el Apollyon recibe.”

Mi muñeca parecía muy pequeña, frágil incluso. “¿Las tuyas aparecieron antes de tiempo?”
“No.”

Suspiré. “¿Qué pasó… entre nosotros anoche?”

Una sonrisa torcida se apoderó de sus labios. “Bueno, la mayoría lo llama besarse”.

“No es eso a lo que me refería.”

Liberé mi mano y froté mi palma sobre el borde de la mesa.  “Lo sentí… la energía, o como quieras llamarlo… la sentí dejarme y entrar en ti.”

“¿Te dolió?”

Negué con la cabeza. “Medio se sintió bien.”

Sus fosas nasales se movieron como si oliera algo que le gustara. Luego, sin ningún aviso, se reclinó sobre la mesa entre nosotros, agarró mis mejillas y acercó su boca a la mía. El beso fue suave, juguetón y se sintió muy raro. El habernos besado la noche anterior realmente no contaba -o al menos me había auto-convencido de eso-, así que este era el primer beso real desde las Catskills, y era definitivamente una exhibición pública.

Y todavía estaba sosteniendo el sándwich en mi mano derecha. Así que sí, se sentía raro.

Seth retrocedió, sonriendo. “Creo que deberíamos hacerlo más seguido, entonces”.

Mis mejillas estaban ardiendo porque sabía que la gente nos estaba mirando. “¿Besarnos?”

Se rió. “Me encantaría eso de besar más, pero me refería a lo que pasó anoche.”

De la nada, la ira se arrastró sobre mí. “¿Por qué? ¿Sentiste algo?”

Una ceja se arqueó. “Oh, sentí algo”.

Tomé aire y lo dejé salir lentamente. “Me refería a cuando sostenías mi mano y la marca apareció. ¿Sentiste algo?”

“Nada de lo que quieras que te hable, aparentemente”.

“Dioses”. Aplasté el sándwich. Gotas de mayonesa se regaron sobre la bandeja de plástico. “Ni siquiera sé por qué estoy hablándote”.

Seth exhaló suavemente. “¿Es el SPM[1]o algo así? Porque tus cambios me humor me están matando”.

Lo miré fijamente un segundo, pensando wow, ¿de verdad acaba de decir eso? Y luego eché mi brazo hacia atrás y le tiré el sándwich. Golpeó su pecho con un satisfactorio plop, pero fue la mirada en su rostro mientras saltaba del asiento lo que casi me hizo sonreír. Una mezcla de horror e incredulidad marcó sus facciones mientras se quitaba trozos de lechuga y jamón de la camisa y los pantalones.

Sólo había un par de personas en la sala común, sobre todo pura-sangres más jóvenes. Todos nos miraban con ojos como platos.

Tirarle un sándwich al Apollyon probablemente no era algo que debería hacerse en público, pero no pude evitarlo: me reí.

Seth levantó su cabeza. Sus ojos eran un ocre furioso y caliente. “¿Te hizo sentir mejor?”
Mis ojos se aguaron de reírme tanto. “Sí, la verdad es que sí.”

“¿Sabes qué? El entrenamiento de hoy después de clases queda cancelado”. Su mandíbula se tensó, y sus mejillas estaban sonrojadas. “Descansa”.

Puse mis ojos en blanco. “Como sea”.

Seth abrió su boca para decir algo más, pero se detuvo. Quitando los últimos pedazos de jamón y queso, se giró y se fue. No podía creer que acababa de tirarle mi almuerzo a Seth. Parecía algo extremo, incluso para mí.

Pero era gracioso.

Me seguí riendo.

“¿Vas a limpiar eso?”

Salté en mi asiento y alcé la mirada. Linard salió de detrás de una de las columnas, mirando el reguero en el piso. “¿Me estás vigilando?”

Sonrió tensamente.

“Estoy aquí para asegurarme de que estés a salvo.”

“Y eso da algo de miedo.” Empujé mi silla, agarrando una servilleta de la bandeja. Recogí lo que pude, pero la mayonesa estaba pegada. “¿Es idea de Lucian?”

“No”. Cruzó los brazos. “Fue una petición del Decano Andros”.

Me quedé inmóvil. “¿En serio?”

“En serio”, respondió. “Deberías ir siguiendo. Tu siguiente clase empezará pronto”.

Asentí ausentemente, tiré la basura y cogí mi bolso. La orden de Marcus me sorprendía. Esperaba que Lucian me mandara sus Guardias; él no querría que nada le pasara a su precioso Apollyon. Quizás Marcus no me encontraba tan desagradable como yo creía.

Linard me siguió fuera de la sala común manteniendo una distancia prudente. Me recordó el día en que había comprado el bote de los espíritus que Caleb y yo habíamos lanzado al mar. El recuerdo me retorció el corazón y empeoró mi humor. Luego de un rápido cambio a mis ropas de entrenamiento, entré en Combate. El Instructor Romvi parecía excesivamente encantado con mi presencia.

Dejé caer mi bolso y me recosté contra la pared, pretendiendo que no me molestaba el hecho de no tener nadie con quien hablar. La última vez que había estado en esta clase, Caleb todavía estaba vivo.

Frunciendo los labios, dejé que mi mirada pasara por la pared donde se guardaban las armas. Me había acostumbrado tanto a esta sala durante mis prácticas con Aiden que era como un hogar para mí. Parado cerca de esa pared estaba Jackson, que sonreía por algo que otro mestizo le estaba diciendo. Luego me miró directamente y me sonrió afectadamente.
Solía pensar que era sexy, pero en algún momento entre mi mamá daimon matando los padres de su novia y la última vez que me lo había quitado de encima, había dejado de tenerlo en un buen concepto.

Mantuve su mirada hasta que la desvió. Luego continué con mi examen detenido. Olivia estaba al lado de Luke atando su cabello ondulado en una cola de caballo. Moretones marcaban la piel color caramelo de su cuello. Bajé la mirada a mis manos. Yo había hecho eso.

Dioses, ¿en qué estaba pensando? Culpa y vergüenza y me atravesaron. Cuando alcé la mirada, Luke me estaba observando. Su mirada no era hostil ni nada, sólo… triste.
Miré hacia otra parte, mordiéndome el labio. Sí extrañaba a mis amigos. Y realmente extrañaba a Caleb.

La clase empezó rápidamente, y aunque estaba cansada, me dediqué a fondo. Me emparejaron con Elena para unas series de ejercicios y agarres que eran pan comido. Al concentrarme en las diferentes técnicas, mi cerebro pudo finalmente desconectarse. Aquí, en entrenamiento, no pensaba en nada. No había dolor o pérdida, no había destino con el que lidiar ni padre al que salvar. Imaginaba que así sería ser un Centinela. Cuando tuviera que ir de cacería no tendría que pensar en nada más que en localizar daimons y matarlos. Quizás era la verdadera razón por la que quería convertirme en uno; porque entonces podría seguir con mi vida… ¿y hacer qué? Matar. Matar. Y matar un poco más.

Eso no era lo que realmente quería, muy en el fondo. ¿Hasta ahora me estaba dando cuenta?
Incluso lenta para mis estándares, era más rápida que Elena. Cuando empezamos a hacer derribos y retrocesos, lo que consistía en que te tumbaran una y otra vez y en intentar evitarlo, logré clavarla en el suelo, pero estaba siendo más lenta, cansándome.

Ella rompió mi agarre y giró sus caderas, poniéndome de espaldas. Mirándome desde arriba, frunció el ceño. “¿Te… te estás sintiendo bien? Estás muy pálida.”

Realmente necesitaba googlear cuánto duraban los efectos de una gripa, porque esto estaba volviéndose fastidioso. Todo lo que quería era irme a la cama. Antes de que pudiera responder la pregunta de Elena, el Instructor Romvi apareció detrás de nosotras. Ahogué un gemido.

“Si pueden hablar, quizás no están entrenando lo bastante duro.” Los ojos pálidos de Romvi parecían glaciares. Amaba aterrorizarme en clase; estaba segura de que me había extrañado.  “Elena, sal de la estera.”

Ella se puso en pie y se escabulló, dejándome con el Instructor. Alrededor de nosotros, otros estudiantes entrenaban. Me levanté y cambie el peso inquietamente, preparándome mentalmente para lo que fuera que estuviera punto de tirarme. Le di la espalda con las manos en las caderas.

Su mano golpeó mi hombro. “Uno nunca debe dar la espalda en la guerra.”

Liberándome de su agarre, lo encaré. “No me di cuenta de que estábamos en guerra.”

Algo brilló en sus ojos. “Siempre estamos en guerra, especialmente en mi clase.” Me miró con desprecio, lo que era una costumbre común ya que era un pura-sangre que había sido una vez Centinela. “Hablando de eso, es muy amable de su parte unírsenos finalmente, Alexandria. Estaba empezando a creer que pensaba que entrenar ya no era necesario”.

Varias respuestas me picaban en la lengua, pero sabía que era mejor no dejarlas salir.

Parecía decepcionado. “Escuché que peleó en el ataque daimon”.

Sabiendo que mientras menos palabras usaba menos me pateaban el trasero, asentí mientras me imaginaba un pegaso aterrizando en su cabeza y mordiéndole el cuello.

“También luchó contra las furias y sobrevivió. Sólo guerreros podrían presumir de tal logro.”

Mi mirada se fue a donde Olivia y Luke me miraban desde el borde de la estera. ¿Cuántas veces había estado en esta posición? Pero esto era diferente, porque Caleb solía estar con ellos.

“¿Alexandria?”

Me concentré en él, encogiéndome mentalmente. Una nunca debía dejar de mirar a Romvi mientras hablaba. “Sí luche contra las furias”.

Interés brilló en sus ojos.

“Muéstreme lo que hizo”.

Cogida con la guardia baja, retrocedí un paso. “¿Qué quiere decir?”

Una pequeña sonrisa tiraba de sus labios. “Muéstreme cómo luchó contra las furias”.

Me remojé los labios nerviosamente. No tenía idea de cómo había luchado contra ellas y sobrevivido, sólo que todo se había vuelto color ámbar, como si alguien hubiera esparcido el color leonado por mis ojos. “No lo sé. Todo pasó tan rápido”.

“No lo sabe”, alzó su mano y la manga de tu camisa estilo túnica se deslizó por su brazo, revelando el tatuaje de la antorcha girada hacia abajo. “Encuentro eso difícil de creer”.

Experimenté un lapso momentáneo de sanidad. “¿Qué pasa con ese tatuaje?”

Su mandíbula se tensó, y esperé que atacara pero no lo hizo. “¡Jackson!”

Trotando sobre la estera, Jackson se detuvo y puso sus manos en sus estrechas caderas. “¿Señor?”

Los ojos de Romvi se quedaron en los míos. “Quiero que luches”.

Miré la cara sonriente de Jackson. Lo que Romvi quería era que le mostrara cómo hacía luchado contra las furias y sobrevivido, usando a Jackson para hacerlo. No importaba con quién luchara: no podía mostrar lo que no sabía.

Mientras Romvi salía de la estera, se detuvo y le susurró algo a Jackson. Lo que sea que estaba diciendo le sacó una sonrisa antes de que asintiera con la cabeza.

Pasándome la mano por la frente sudorosa, ralenticé mi respiración y traté de ignorar los leves temblores que me recorrían las piernas. Incluso cansada podía ganarle a Jackson. Era un buen luchador, pero yo era mejor. Tenía que serlo.

“Vas a estar adolorida al final de la clase”, se burló Jackson, crujiendo sus nudillos.

Alcé una ceja y le hice una seña para que avanzara con una mano. Quizás  añoraba demasiado una almohada pero podría derrotarlo.

Esperé hasta que estaba a sólo un pie de distancia antes de lanzarme en una ofensiva brutal. Era rápida y ligera en mis pies. Él hizo una finta en una dirección para evitar un empujón pero terminó con una patada lateral en su espalda. No mucho después, estaba de espaldas, jadeando y sudando por una feroz patada giratoria.

“¿Voy a estar adolorida?”, dije, de pie sobre él. “Nah, no lo creo.”

Respirando con dificultad, saltó y se puso en pie. “Espera y verás, nena.”

“¿Nena?”, repetí. “No soy tu nena”.

Jackson no me respondió. Lanzó una patada mariposa que yo evité. Esos golpes eran brutales. Golpe tras golpe nos atacamos, cada uno más vicioso que el anterior. Estaba ciertamente tomándomelo demasiado serio. No estaba tonteando con el idiota. Una oscuridad extraña se apoderó de mí mientras bloqueaba unas series de patadas y golpes que habrían hecho caer incluso a Aiden. Sonreí a pesar del sudor y a pesar de la forma en que mis antebrazos dolían. Canalicé toda mi ira de antes en la pelea con Jackson.

Nuestro combate eventualmente llamó la atención de los otros estudiantes. Sólo me sorprendí levemente cuando el primer puño de Jackson me dio en la mandíbula y el Instructor Romvi no detuvo la lucha. Antes parecía estar divirtiéndose con la brutal pelea.

¿Con que Jackson no iba a jugar de acuerdo a las reglas y a Romvi no le importaba? Como sea. Retrocedió su puño de nuevo, pero esta vez cogí su mano y la giré hacia atrás.

Jackson rompió el agarre demasiado fácilmente, lo que mostraba que estaba llegando a mi límite. Me mantuve de pie, vi las luces que habían en lo alto -¿o estaban en mis ojos?- y con una poderosa patada en rotonda, agarré sus piernas. No hubo un momento para celebrar su obvia derrota. Traté de saltar como me habían enseñado, pero agotada, fui demasiado lenta. Su pierna atrapó la mía y aterricé de lado, inmediatamente alejándome de su alcance.

“Estoy seguro de que no fue así como derrotaste a las furias”. El Instructor Rombi sonaba pagado de sí mismo.

No tuve un segundo para pensar cuanto desearía golpear a Romvi. Jackson se giró. Me hice a un lado, pero su patada me dio en las costillas. Dolor explotó, tan inesperado y tan intenso que me congelé.

Sintiendo que Jackson aún no había terminado, levanté mis manos pero eso pequeño segundo me costó. El talón de Jackson pasó a través de mis manos golpeando mi mentón y abriéndome el labio. Algo caliente se deslizó por el interior de mi boca, y vi flashes de luz. Sangre; sabía a sangre. Y más allá de las luces parpadeantes vi la bota de Jackson levantarse una vez más.


[1]Síndrome Pre-Mestrual. 

6 Comments

  1. Graciiias!! Y estoy en el foro libros del cielo personal, por hay te gustaria que alguien mas te ayude con la traduccion, asi no tienes tanto trabajo, si quieres puedo preguntarle a las chicas de ahi, si alguna quiere venir a ayudarte a este blog, vos solo dime y yo me encargo :)

    Marzo 8, 2013
    |Reply
    • ¡Gracias a ti! La verdad es que este semestre ando bastante ocupada y un poco de ayuda me vendría muy bien. ¿Puedes preguntar por ahí y si hay alguien interesado le dices que mi usuario del foro es n.marquez? :)

      Marzo 12, 2013
      |Reply
  2. Anonymous
    Anonymous

    auch eso le a de doler, ese profesor romvi se paso, jajaja que gracioso alex le tiro el sándwich… plotch.

    Marzo 8, 2013
    |Reply
  3. Anonymous
    Anonymous

    Asdfghjklñ:) sigan subiendo capitulo.

    Marzo 11, 2013
    |Reply

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