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Gremio de Cazadores 00: Angel’s Pawn, Nalini Singh. CAPÍTULO 3 en español.

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El ángel se rió, y el poder devastador de su risa se propagó por todo el cuarto y se arrastró en la piel de Ashwini. Edad, muerte, éxtasis y agonía, todo estaba en esa risa, en el pasado de Nazarach. La aplastó, amenazó con cortar su aliento y la dejó atrapada para siempre en el terror infernal que intentaba reclamarla desde la infancia.

CAPÍTULO 3

 Fue el temor lo que la salvó. Impulsada por la amenaza de ser encarcelada dentro de su propia mente, ella se arrancó de la vorágine sin fin y se ancló al presente. A medida que la corriente de aire se alejaba de sus oídos, oyó decir a Nazarach:

“Tal vez te pediré que vuelvas a mi corte, Janvier”.

La ceja de Janvier dio un arco perfecto y por un instante, ella lo vio en ropas de una era pasada, un desconocido que supo hacer política con la misma fácil manipulación con la que jugaba cartas. La mano de Ashwini se convirtió en un puño de rechazo instintivo, pero al momento siguiente él se echó a reír con esa risa perezosa, divertida y de nuevo era el vampiro que ella conocía.

“Nunca me fue bien como cortesano si lo recuerdas”.

“Pero siempre proveías la conversación más inteligente de la habitación.” Sellando sus alas a su espalda, el ángel se acercó a una mesa de caoba reluciente en una esquina. “¿Estás ayudando al Gremio?”

Ashwini dejó que Janvier respondiera, y usó el tiempo para estudiar a Nazarach, su poder rompiendo como un látigo contra sus sentidos… un látigo entrelazado con vidrios rotos.
“La idea de un beso despierta mi curiosidad”. Janvier hizo una pausa. “Si puedo decirlo, esta situación entre Antoine y Callan parece ser indigna de tu interés.”

“Antoine” respondió Nazarach, con el rostro inexpresivo de la forma de los verdaderamente antiguos, “ha comenzado a excederse a sí mismo. Se ha acercado peligrosamente a desafiar mi autoridad”.

“Ha cambiado, entonces”. Janvier negó con la cabeza. “El Antoine que conocía era ambicioso, pero también tenía un sano respeto por su vida”.

“Es la mujer: Simone”, el ángel le pasó una fotografía a Ashwini, ojos de un ámbar inhumano deteniéndose en su cara un instante demasiado largo. “Apenas en su tercer siglo y ya gira a Antoine alrededor de su dedo”.

“¿Por qué no está muerta?”, preguntó Ashwini a bocajarro. Los ángeles eran su propia ley. No hay ningún tribunal en el mundo que pudiera detener a Nazarach si decidía eliminar a uno de los Convertidos. Los vampiros escogían sus maestros cuando elegían la inmortalidad.
El ángel encendió sus alas un poco, y luego las cerró. “Parece que Antoine la ama”.

Ashwini asintió. “Si tú la matas, él se volverá contra a ti.” Y él moriría, los ángeles no eran conocidos por su benevolencia.

“Después de estar vivo durante setecientos años”, reflexionó Nazarach, hablando de los siglos como si fueran meran décadas, “parece que soy reacio a perder uno de los pocos hombres –sus errores recientes dejados a un lado- que de hecho respeto.”

Devolviendo la foto de la morena sensual que al parecer estaba haciendo un antiguo baile vampiro a su son, Ashwini se obligó a sostener la mirada de Nazarach. El ámbar actuaba como un lente, enfocando los gritos con penetrante claridad.

“¿Cómo se vincula esto con el secuestro?”, inquirió ella bloqueando la pesadilla con todo lo que tenía.

“Callan Fox”, declaró Nazarach, “me intriga. “No lo quiero muerto todavía. Antoine matará a la joven cachorra para recuperar a su nieta. Conseguirá a Monique y me la traerá.”

“Nos estás pidiendo que te entreguemos una rehén para usarla contra a Antoine”. Ashwini sacudió la cabeza, el alivio bajando por su espalda en una brocha fría. “El Gremio no se involucra en disputas políticas”.

“Entre los ángeles”, la corrigió Nazarach. “Este es un… problema entre un ángel y los vampiros bajo su mando”.

“Aun así”, dijo ella, incapaz de detener sus ojos de desviarse a esas alas de ámbar y luz, incapaz de entender como tanta belleza podía existir junto con la oscuridad inhumana que manchaba a Nazarach desde el interior. “Si quieres a Monique, todo lo que tienes que hacer es pedirlo. Callan te la entregará.” El líder del beso Fox podría estar dispuesto a asumir a Antoine Beaumont, pero sólo un vampiro muy estúpido se opondría a un ángel, y Callan Fox lo era. “No me necesitas”.

Nazarach le dio una sonrisa inescrutable. “No le mencionarás mi nombre a Callan. En cuanto al resto, el Gremio ya ha aceptado los términos.”

“Sin ánimo de ofender”, respondió ella, preguntándose si él se vería tan brutalmente hermoso mientras estrangulaba la vida de aquellos que le desagradaban, “tendré que comprobar eso con mi jefa.”

“Adelante, Cazadora del Gremio.” Un permiso suave, nada de misericordia en esos ojos llenos de muerte.

Dando un paso atrás hasta quedar casi en el pasillo, ella hizo la llamada desde su celular, consciente de Janvier y Nazarach hablando en voz baja acerca de cosas de un pasado lejano. Las sombras se aferraban a las experiencias de Nazarach, pero no a las de Janvier.

Ángel y vampiro. Ambos tocados por la inmortalidad, ambos irresistibles pero de maneras diferentes. Nazarach era un ser perfeccionado fuera del tiempo, perfecto, letal y absoluta, absolutamente inhumano. Janvier, en contraste, era tierra y sangre, letal y un poco áspero… y todavía de alguna manera de este mundo.

“¿Ashwini?”, el tono familiar de Sara, “¿cuál es el problema?”.

Siguió las órdenes de Nazarach. “¿Ha sido aprobado?”

“Sí”, suspiró la Directora del Gremio. “Desearía malditamente que no tuviéramos que involucrarte en lo que promete convertirse en un lío monumental, pero no hay manera de sacarte.”

“Él está jugando.”

“Es un ángel”, Sara dijo, y era una respuesta. “Y técnicamente, Monique se encuentra incumpliendo su contrato, así que Nazarach tiene el poder de enviar a quien sea y a cualquier cosa a recuperarla, incluso si podía conseguir el mismo resultado con una simple llamada telefónica.”

“Maldita sea”, a Ashwini le gustaba trabajar en el borde, pero cuando los ángeles se involucraban, esos bordes tendían a cortar el hueso profundamente, succionando el rojo oscuro de la sangre. “¿Cuidas mi espalda?”.

“Siempre”, una respuesta firme. “He puesto a Kenji y a Baden en espera, das la señal y los tendrás allí fuera en menos de una hora.”

“Gracias, Sara”.

“Hey, no quiero perder mi fuente principal de entretenimiento”, una sonrisa que Ashwini casi podía oír. “Ninguna orden nueva de búsqueda ha llegado para el Cajún, sólo pensé que te gustaría saber.”

“Uh-huh.” Ashwini colgó con un rápido adiós, preguntándose qué diría Sara si supiera exactamente  con quién ella se estaba asociando en este momento.”

Javier se giró a la derecha en ese instante, como si hubiera percibido su atención. Descartando ese pensamiento, volvió a unirse al vampiro y al ángel.
“¿Tienes alguna idea de dónde Callan podría tener a Monique?”

Los ojos del ángel cayeron a sus labios, y ella tuvo que combatir la urgencia de correr, porque si bien Nazarach quizás era angustiosamente hermoso, Ashwini tenía la sensación desgarradora de que su idea del placer sólo significaría el dolor más insoportable para ella.

“No”, dijo finalmente, su mirada volviendo a la suya. “Pero él estará en Fisheman’s Daughter mañana por la noche.” Ámbar iluminado de poder. “Esta noche, tú serás mi invitada”.
Ni siquiera el calor de Atlanta podía luchar contra el frío que invadió sus venas, una fría hoja de advertencia.

Insomne, Ashwini se sentó en el balcón de la suite que Nazarach le había proporcionado. Ella habría preferido una tienda de campaña en el parque, una cama en un albergue, cualquier cosa a la opulencia del hogar del ángel –toda teñida con un terror vociferante que se negó a dejarla dormir-.

“¿Cuántos hombres y mujeres crees que Nazarach ha matado en toda su vida?”.

Por lo general, ella sentía las cosas sólo a través del tacto, pero al igual que su maestro, este lugar era tan viejo, con tantas memorias sangrientas, que hacían eco en su mente sin cesar.

“Miles”, fue la suave respuesta del vampiro recostado contra la pared al lado de la sala de antigüedades donde ella estaba sentada. “Los ángeles que gobiernan no pueden darse el lujo de ser misericordiosos.”

Ashwini volvió el rostro hacia la brisa nocturna. “Y sin embargo algunas personas los ven como mensajeros de los dioses.”

“Ellos son lo que son. Como todos.” Girándose, él se acercó a ella para poner sus manos en la madera brillante de su silla. “Debo alimentarme, querida.”

Algo se retorció en su pecho, un dolor agudo, inesperado, pero ella lo aguantó, mantuvo el control. “Supongo que tú no tienes muchos problemas para encontrar comida”.

“Puedo dar placer con mi mordida. Hay quienes buscan tales placeres.” Moviendo un dedo, él trazó la cicatriz de Ashwini sobre el pulso en su cuello. “¿Quién te marcó?”. Una pregunta tranquila hecha de puro hielo.

“Mi primera caza. Era joven e inexperta. El vampiro se acercó lo suficiente para casi arrancarme la garganta.” Lo que no le dijo es que ella lo había dejado acercarse tanto, se había dejado sentir el beso de la muerte. Hasta ese momento, cuando la esencia de la sangre en el aire era un perfume rico en hierro, ella había pensado que quería morir para silenciar las voces para siempre. “Me enseñó a valorar la vida.”

“Voy a pedir la indulgencia de Nazarach”, dijo Janvier después de un momento interminable., “usaré el almacén de sangre que tiene aquí para sus vampiros.”

Sus sentidos se enfocaron en algo que apenas había visto, palabras no dichas. “¿Qué no me estás diciendo?”

“El ángel quiere que te deje en paz.” El aliento de Janvier la rozó en una caricia íntima. “De lo contrario esa sangre ya habría sido proporcionada. Él quiere que salga y cace.”

Escalofríos ante la idea de lo que Nazarach quería de ella. “Así que lo enojaras.”

“Le gusto demasiado para matarme por una transgresión tan pequeña.” Sin embargo, no se movió. “¿Por qué hay tantas sombras en tus ojos, Ashwini?”

La asustaba cada vez que usaba su nombre de pila, como si cada declaración los vinculara a un mayor nivel que ella no podía ver. “¿Por qué hay tantos secretos en los tuyos?”

“He vivido más de doscientos años”, dijo, su voz tan sensual como el aroma a magnolias de la noche. “He hecho muchas cosas, y no estoy orgulloso de todas”.

“De alguna manera, eso no me sorprende”.

Él no sonrió, no respiró, inmóvil, tan inmóvil. “Háblame, mi espada.”

“No.” No aún.

“Soy muy impaciente.”

“Lo veremos.” Incluso mientras ella hablaba, sabía que se estaba estableciendo un reto, uno al que Janvier no se podría resistir. Él se inclinó tan cerca que sus labios podrían haberse tocado, su aliento caliente, el faro de su casi-inmortalidad llameando en sus ojos.

“Sí. Ya veremos.”

Entrando a la ducha, Aswini la encendió en helado. “¡Huy!”. Una vez que su libido estuvo lo suficientemente húmedo por el choque frío, lo cambió a supercaliente. Mientras su piel chisporroteaba bajo el calor delicioso,  supuso que debería estar pensando seriamente en la locura de lo que estaba haciendo jugando con un vampiro, quien era, con todo su encanto, tan letal como un puñal en la garganta. Pero de nuevo, la mayoría de sus amigos ya pensaban que ella estaba chiflada. ¿Por qué decepcionarlos?

Ella sonrió contra el spray. Normas y regulaciones, las complejidades de vivir una vida “ordinaria” las había probado durante los primeros diecinueve años de su existencia y casi había pagado no sólo con su cordura sino con su propia vida.

Un destello de memoria y ella estaba en esa blanca sobre blanca habitación de nuevo, las cintas en sus brazos, cortando la carne. El olor a desinfectante, las silenciosas pisadas de la suela de caucho… y siempre, siempre, los gritos. Gritos que sólo ella podía escuchar. Luego, ellos sentados allí, juzgándola como si fueran dioses.
“Las drogas la mantuvieron lúcida.”
“¿Estás seguro de que ella permanecerá con ellos una vez que la liberemos?”
“Va a salir bajo palabra de su hermano, y el Dr. Taj es, como todos sabemos, un médico muy reconocido.”
“Ashwini, ¿puedes oírnos? Necesitamos que respondas algunas preguntas”

Ella había respondido sus preguntas, dijo lo que sabía que querían oír. Había sido el último día que había pretendido ser ‘normal’, así que la dejaron salir, la dejaron marcharse. “Nunca más”, susurró.

Y lo peor era, la gente todavía la quería. Su mano se hizo un puño. No todo el mundo. El Dr. Taj sólo quería a la hermana que había conocido antes, la estrella en ascenso que igualó su propio brillo. ¿A quién demonios le importaba que esa estrella hubiese estado muriendo lentamente, pieza por pieza, hasta que ella intentó desesperadamente aferrarse a un cielo que nunca había entendido?

Fue el calor lo que la arrancó del abismo, mientras su piel comenzaba a protestar. Sacudiendo el agua con un suspiro agradecido, se frotó usando la esponjosa toalla melocotón que iba con la decoración de la habitación. Habría sido normal salir a la habitación en la bata a juego colgada en la parte de atrás de la puerta, pero Ashwini era una cazadora. Y, en el Gremio, la paranoia no sólo era aceptada sino incentivada.

Estuvo en lo cierto, porque cuando salió –pies descalzos, pero vestida de todas formas, su arma escondida en la curva de su espalda baja- encontró al ser más peligroso de Atlanta esperándola.

“Nazarach”, dijo ella, deteniéndose en el marco del baño. “Esto es una sorpresa”.

El ángel salió al balcón. “Ven”.

Sintiendo que sería suicida negarse, lo siguió fuera hasta el aire de verano, la noche pesada con los cálidos aromas de las flores que rodeaban la finca.

“¿Janvier?”

“Conozco bien sus gustos”.

Ashwini apretó sus manos en la barandilla –una cortesía para los huéspedes, una que ella no había esperado-. “¿Por qué estoy aquí?”. ¿Por qué lo estás tú?

Nazarach apoyó los codos en la barandilla, sus alas relajadas pero no menos magníficas. “Te pedí para esta caza. ¿Sabes por qué?”

“He realizado trabajos previos en búsquedas de secuestrados”. En la mayoría de los casos, esos vampiros habían sido raptados por algún grupo que los odiaba y planeaba torturar el ‘pecado’ del vampirismo en ellos. “Tenía la intención de investigar a Monique a fondo esta noche.”

“Déjalo. Ella va a seguir con vida sana y salva hasta que Callan consiga lo que quiere.”

“Pareces muy seguro”.

El ángel sonrió y fue una sonrisa que ella jamás había visto, pesada con su edad, con las sombras de la muerte retorciéndose en torno a sus sentidos como afiladas espinas.

“Callan”, musitó Nazarach, “no sobrevivió en mi corte por ser ingenuo. Sabe que mientras Antoine juega a hacer política, el Beaumont más antiguo encontrará una manera de matarlo si lastima a Monique. Mientras que Antoine viva, también lo hará ella.”

“Tú podrías detener esta disputa”, dijo Ashwini, concentrándose en la respiración, en seguir con vida. “Todo lo que tienes que hacer es darle tu apoyo a alguno de los dos”.

“Todo el mundo tiene que evolucionar”, una declaración fría, una que contenía los vientos fríos del tiempo. “Antoine está creciendo demasiado, quizás sea el momento para que el manto pase a Callan.”

“Pensé que Antoine te gustaba”.

“Soy un ángel, que me guste alguien es sólo parte de la ecuación.” Su rostro se volvió hacia ella, su expresión letal en su misma neutralidad. “Te pedí a ti porque tú desangraste a un ángel que intentó tomarte hace un año”.
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